En la liturgia de este domingo, las palabras de Juan el Bautista (Juan 1, 29) nos sitúan ante el corazón mismo de nuestra fe. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a corrientes racionalistas que intentan desvirtuar el Evangelio de Juan, calificándolo de "tardío" o "inventado", como si fuera una construcción teológica alejada de la realidad. Nada más lejos de la verdad.
El testimonio histórico del Discípulo Amado
Frente a quienes quieren reducir el cuarto Evangelio a una leyenda, debemos recordar que la investigación teológica más seria y fiel a la Tradición —representada por autores como Brant Pitre en su obra "El caso de Jesús"— demuestra con rigor que los Evangelios no son relatos anónimos ni tardíos. Son testimonios históricos basados en la memoria de los testigos oculares. Juan no inventa una teología; él nos transmite la profundidad de lo que sus ojos vieron y sus manos tocaron en el Calvario.
El Cordero: De la sombra a la Realidad
Para comprender la profundidad de este "Cordero", debemos mirar la historia de la salvación como un hilo conductor perfecto. Ya desde el siglo II, San Justino Mártir nos recordaba que el cordero de la Pascua judía se preparaba atravesado por dos maderos en forma de cruz.
Este es el cumplimiento de la promesa en el monte Moria, cuando Isaac, cargando la leña del sacrificio (figura de Cristo cargando el madero), preguntó por la víctima. "Dios proveerá el cordero", respondió Abraham. Como bien explica Scott Hahn en "La Cena del Cordero", Dios proveyó finalmente a su propio Hijo, convirtiendo la antigua Pascua en una Alianza Nueva y Eterna. A diferencia de Isaac, Jesús sí entrega su vida en un sacrificio único.
Más que una cena: Un Sacrificio vivo
Debemos afirmar con fuerza que la Misa no es el recuerdo de una cena que terminó, sino la participación real en el sacrificio de Cristo. En el altar no asistimos a una reunión social; asistimos al momento en que el Cordero de Dios, con una ternura infinita, se ofrece para quitar el pecado del mundo. Quien reduce la Misa a una simple cena, vacía el Evangelio de su poder redentor.
Puentes hacia el Misterio
Los santos son los grandes defensores de esta Verdad. Fray Elías Cabodevilla Garde vivió su sacerdocio bajo esta premisa: señalar siempre al Cordero. Su misión, al igual que la de Padre Pío, fue ser un puente de ternura que nos facilitara el encuentro con Dios, pero siempre conduciéndonos hacia la profundidad del Sacrificio del Altar.
Una Iglesia acogedora es la que recibe a todos con los brazos abiertos, pero los lleva ante la presencia real del Cordero que sana, libera y redime. Seamos, como Juan el Bautista, testigos que no se avergüenzan de la verdad histórica de nuestra fe.
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