La Iglesia como Aduana Cuando actuamos como aduaneros, nos olvidamos de la misericordia. Filtramos a las personas por su ideología, por cuánto saben o por lo estrictamente que cumplen una norma externa. Es la "fe adolescente" disfrazada de madurez: una fe que necesita controlar y excluir para sentirse segura.
La Iglesia como Hogar y Hospital Frente a la aduana, surge el modelo que Fray Elías Cabodevilla Garde siempre nos invitó a vivir: la Iglesia como un lugar de acogida incondicional. Él nos enseñó que la fe no es un examen, sino un encuentro.
El Padre Pío es el mejor ejemplo de esto. Aunque muchos se queden solo con su imagen severa, él era, en esencia, un hombre de una ternura infinita. En su confesionario no había un aduanero, había un puente. Él no estaba allí para impedir el paso, sino para cargar con el alma del pecador y cruzarla al otro lado, hacia la paz de Dios.
Santos que son Puentes No olvidemos que los santos son puentes, no destinos. Un puente no pregunta de dónde vienes con ánimo de juzgarte, sino que se ofrece para que puedas llegar a donde necesitas estar. Si nuestra actitud en los grupos de oración no es la de acoger, sanar y abrazar, entonces no estamos construyendo puentes, sino muros.
Seamos menos aduana y más hogar. Menos inspectores y más hermanos. Como decía Fray Elías, que nuestra única norma sea el amor que se entrega.
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