sábado, 30 de abril de 2011

NO ESTAMOS SOLOS


Señor, no es posible seguirte por libre.
Tu llamada es para vivir con gozo
la alegría del Evangelio.

Tu oferta es vivir con fuerza la fe
en comunidad.

Ser creyente en Ti, no es jugar al protagonismo,
ser creyente en Ti, es hacer de la vida
un servicio gratuito.

Tú me llamas a romper mi cáscara,
y derribar mi muro,
para buscar el lugar donde vivir mi fe,
mi parroquia, mi familia, mi grupo,
mi comunidad.

Es ahí donde he de formarme
como discípulo tuyo.
Tú quieres que mi corazón se haga grande,
crezca mi capacidad de amar.

Tú pones en mí, ilusiones, ideales,
grandes metas, las bienaventuranzas,
Y quieres que, para ser fecundo,
 eche raíces, en la Iglesia.


viernes, 29 de abril de 2011

SANTA CATALINA DE SIENA



Virgen y doctora de la Iglesia
Nacida en 1347, Catalina (nombre que significa "Pura") era la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios mas humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.
Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la tercera orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñon para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.
Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado Diálogo de la divina providencia, donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

Santa Catalina de Siena, quien murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de abril de 1380, fue la gran mística del siglo XIV. El papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como patrona de la ciudad; es además, patrona de Italia y protectora del pontificado.
El papa Pablo VI, en 1970, la proclamó doctora de la Iglesia.
Ella, Santa Teresa de Avila y Santa Teresita de Lisieux son las tres únicas mujeres que ostentan este título.
 

 

jueves, 28 de abril de 2011

BUSCAR LOS FRUTOS DE LA RESURRECCIÓN


Si no busco el poder
ningún poderoso podrá hacerme daño.

Si no ambiciono riquezas
jamás me sentiré amenazado
por lo miseria.

Si no corro tras los honores
convertiré toda humillación en humildad.

Si no me comparo con nadie
seré feliz con lo bueno
que hay en mí mismo.

Si no me dejo invadir por la prisa
encontraré tiempo para todo lo necesario.

Si no soy esclavo de la eficacia
daré el fruto que los demás esperan de mí.

Si no me enredo en la competitividad
entraré en comunión
con lo bueno que hay en todo.

Si vivo a fondo el momento presente
seré dueño absoluto
del pasado y del futuro.

Si acepto el fracaso en mi vida
habré librado mi vida de todo frustración.

Si vivo para el AMOR
el AMOR estará siempre vivo en mí.


miércoles, 27 de abril de 2011

UN DÍA UN CONSEJO

" La gracia más delicada que podéis pedir es: que
   se os aumente la luz de Dios. Esta luz no se puede
   adquirir através de estudio o instrucción humana,
   porque la infunde directamente Dios".  (Padre Pío)

ACCIÓN DE GRACIAS AL BUEN PASTOR

Te damos gracias, Señor
porque eres el amor y la vida,
el Buen Pastor.

Sin nombrarte o reconociendo
tu nombre,
todos los hombres te buscan.

También te buscamos nosotros,
cuando escuchamos tu voz
y te seguimos.

Te bendecimos, porque el Espíritu,
que todos llevamos dentro,
nos impulsa a reconocer tu palabra
y tu obra,
en las encrucijadas de la vida,
allí donde hermanos nuestros
trabajan por la verdad,
la justicia, la libertad.

En el fondo de nosotros mismos
sentimos una llamada a la vida,
a la bondad, a la sinceridad.

Es el eco de tu voz que resuena
en lo más profundo
de cada ser humano.

Con la inmensa muchedumbre
de los que te siguen
te damos gracias.

martes, 26 de abril de 2011

SALMO DEL SEGUIMIENTO


Iré detrás de ti, si tú vienes a mi
buscando horizontes más amplios para volar.


Iré a enseñar a todos que tú eres libertad,
que sólo en ti se encuentra el manantial,
la felicidad, la verdadera paz.


Iré siempre en tu nombre despojado de mis cosas,
buscando en la noche, sediento de tu amor.


Iré a decirles a todos que tú eres alegría,
la eterna oferta de un amor total.


Iré a buscar camino detrás de cada lucha,
donde los hombres sufren su llanto y soledad.


Iré si tú me llamas a ser siempre tu amigo
sin importarme nada,
pues tú eres mi caminar.


Iré diciendo a todos, iré contando siempre,
iré entre los hombres gritando la verdad.



lunes, 25 de abril de 2011

ADORA Y CONFÍA



No te inquietes por las dificultades de
la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese
a todo, acepta los designios de su
providencia.
Poco importa que te consideres un
frustrado
si Dios te considera plenamente realizado,
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese
Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo
veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre
tu rostro, una dulce sonrisa, reflejo
de la que el Señor continuamente te
dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca, antes
que nada, como fuente de energía y criterio
de verdad, todo aquello que te
llene de la paz de Dios.
Recuerda: cuanto te deprima e inquiete
es falso.
Te lo aseguro en el nombre de las leyes
de la vida y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas apesadumbrado,
triste, adora y confía.
 
 (Teilhard de Chardin, SJ)

domingo, 24 de abril de 2011

¡HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

JUAN 20, 1-9
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, ve la piedra quitada del sepulcro.
Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó,  pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Reflexión
“Éste es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”
¡ALELUYA, ALELUYA, ES LA FIESTA DEL SEÑOR!
Sí, es SU fiesta y NUESTRA fiesta. Hermanos: podemos felicitarnos de corazón. ¡DIOS DA LA RAZÓN A JESÚS! Su forma de vida es agradable a Dios.
El Crucificado es el que ha resucitado, vive en Dios y en medio de nosotros, aunque de forma distinta, con su cuerpo glorioso. “Entregar la vida por amor” es considerado por Dios como la obra suprema y máxima. ¡Qué mensaje más estupendo el de esta fiesta!
Pero a NOSOTROS también nos atañe profundamente esta fiesta: estamos LLAMADOS A VIVIR la misma suerte de Jesús, si vivimos a su estilo. Dios, pues, no engaña. Ésta es nuestra convicción.
HOY es el GRAN DÍA de nuestra FE. Preparémonos a celebrarlo a lo largo de toda la PASCUA. Y... ¡dichosos quienes acogen al DIOS de la VIDA!
¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

M

sábado, 23 de abril de 2011

SÁBADO SANTO

"Jesús yace en su tumba y los apóstoles creen que todo se acabó. Todo el día sábado su cuerpo descansa en el sepulcro Pero su madre, María, se acuerda de lo que dijo su hijo : "Al tercer día resucitaré". Los Apóstoles van llegando a su lado, y Ella les consuela. "

"El Sábado santo es un día de luto inmenso, de silencio y de espera vigilante de la Resurrección. La Iglesia en particular recuerda el dolor, la valentía y la esperanza de la Virgen María. "
Ella representa la angustia de una Madre que tiene entre sus brazos a su Hijo muerto, pero no se puede olvidar en este momento ella es la única que conserva en su corazón las palabras del anciano Simeón, que si bien él profetizó que Cristo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma.
Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la profecía de la resurrección al tercer día.
Y María esperó hasta el tercer día.




viernes, 22 de abril de 2011

TODO ESTÁ CUMPLIDO


Déjame pasar la vida a tu lado, Madre mía.
acompañando tu soledad amarga
y tu dolor profundo.
Déjame sentir en el alma
el triste llanto de tus ojos
y el desamparo de tu corazón.

No quiero en el camino de mi vida
saborear las alegrías de Belén
adorando en tus brazos virginales
al niño Dios.

No quiero gozar
en la casita de Nazareth
de la amable presencia de Jesucristo,
no quiero acompañarte
 en tu asunción gloriosa,
entre coros de Angeles.

Quiero en mi vida,
las mofas y burlas del calvario;
quiero la agonía lenta de tu Hijo;
el desprecio, la ignominia,
la infamia de la cruz,
quiero estar a tu lado virgen Dolorosísima;

fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas,
consumando mi sacrificio con tu martirio,
sosteniendo mi corazón con tu soledad,
amando a mi Dios y tu Dios,
con la inmolación de todo mi ser. Amén.


LA CRUCIFIXIÓN


¡Padre nuestro Jesús Nazareno!
Al considerar vuestra bondad
 y vuestro amor para conmigo,
 un grito de gratitud sale de más labios,
 diciéndoos: ¡Jesús mío, os amo!

 Por nuestro amor bajasteis a la tierra
 y sufristeis dolores acerbísimos,
muriendo clavado en una cruz;
 por nuestro amor os disteis,
como manjar,
en el Sacramento de nuestros altares;
por nuestro amor os manifestáis
en esa Imagen bendita,
coronado de espinas, con los ojos lánguidos
y el rostro dolorido,
símbolo de vuestro sufrimiento.

Gracias, Señor!
Y para corresponder a tantos favores
os pido la gracia
de cumplir siempre vuestra ley santa
 y de morir en vuestro amor. Amén.




JESÚS CARGA CON LA CRUZ


¡Dulcísimo Jesús Nazareno,
 fuente de amor, Padre de misericordia
y Dios de toda consolación,
que tanto amor tenéis a quien tan poco os ama!,
 haced que os ame como os aman los ángeles
 y que de corazón os diga: ¡Jesús mío, os amo!



Cuantas veces abra mis labios;
cuantas mueva mis pies y manos;
cuantas latidos mi corazón,
quisiera deciros en verdad que os amo.

 Y deseara repetir este deseo de amaros
más veces que estrellas hay en el ciclo,
más que hojas tienen los árboles,
 más que gotas contiene el océano,
más que arenas se encuentren en las playas
y más que hierbas cubren los campos.

¡Quién me diera, Jesús mío,
amaros por todas los que no os aman,
amaros más que os aborrecen
y ofenden todos los pecadores.

Abrasadlos, Jesús mío, a todos,
 en vuestro santo amor,
y abrasad este mi frío corazón,
para que amándoos viva
y amándoos muera. Amén.

jueves, 21 de abril de 2011

LA ÚLTIMA CENA


Texto del Evangelio (Jn 13,1-15)
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.



Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?». Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos».

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros».

Reflexión
«Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros»
Hoy recordamos aquel primer Jueves Santo de la historia, en el que Jesucristo se reúne con sus discípulos para celebrar la Pascua. Entonces inauguró la nueva Pascua de la nueva Alianza, en la que se ofrece en sacrificio por la salvación de todos.
En la Santa Cena, al mismo tiempo que la Eucaristía, Cristo instituye el sacerdocio ministerial. Mediante éste, se podrá perpetuar el sacramento de la Eucaristía. El prefacio de la Misa Crismal nos revela el sentido: «Él elige a algunos para hacerlos partícipes de su ministerio santo; para que renueven el sacrificio de la redención, alimenten a tu pueblo con tu Palabra y lo reconforten con tus sacramentos».

Y aquel mismo Jueves, Jesús nos da el mandamiento del amor: «Amaos unos a otros como yo os he amado».
Antes, el amor se fundamentaba en la recompensa esperada a cambio, o en el cumplimiento de una norma impuesta. Ahora, el amor cristiano se fundamenta en Cristo. Él nos ama hasta dar la vida: ésta ha de ser la medida del amor del discípulo y ésta ha de ser la señal, la característica del reconocimiento cristiano.
Pero, el hombre no tiene capacidad para amar así. No es simplemente fruto de un esfuerzo, sino don de Dios. Afortunadamente, Él es Amor y —al mismo tiempo— fuente de amor, que se nos da en el Pan Eucarístico.

Finalmente, hoy contemplamos el lavatorio de los pies. En actitud de siervo, Jesús lava los pies de los Apóstoles, y les recomienda que lo hagan los unos con los otros.
Hay algo más que una lección de humildad en este gesto del Maestro. Es como una anticipación, como un símbolo de la Pasión, de la humillación total que sufrirá para salvar a todos los hombres.
El teólogo Romano Guardini dice que «la actitud del pequeño que se inclina ante el grande, todavía no es humildad. Es, simplemente, verdad. El grande que se humilla ante el pequeño es el verdaderamente humilde». Por esto, Jesucristo es auténticamente humilde. Ante este Cristo humilde nuestros moldes se rompen. Jesucristo invierte los valores meramente humanos y nos invita a seguirlo para construir un mundo nuevo y diferente desde el servicio.


HE AQUÍ AL HOMBRE


¡Dulcísimo Jesús Nazareno,
 Dios y Redentor mío,
que llevando sobre tus hombros la cruz,
 caminas al Calvario para ser en ella clavado!
Yo pobre pecador,
soy la causa de tu Pasión dolorosísima.

Te alabo y te doy gracias,
 porque como manso cordero recibiste
sobre tus hombros el madero de tu suplicio,
para expiar en él mis pecados
y los del mundo entero.
 Perdóname, ¡oh buen Jesús!

 Reconozco mis culpas
y tu bondad inmensa
al borrarlas con tu preciosa Sangre.

Te amo sobre todas las cosas
 y prometo serte fiel hasta la muerte.
 Sosténme, oh buen Jesús, con tu gracia
y condúceme
 por el camino de tus mandamientos
a tu reino celestial.
 Así sea.



miércoles, 20 de abril de 2011

EL JUICIO


Hay, Señor, en tu adorable Pasión,
una palabra que sin vibrar en mis oídos,
llega a lo más profundo de mis entrañas,
que me conmueve,
admira y enternece y habla como ninguna...

No es la palabra de los discípulos que te niegan,
 ni la de los jueces que te escarnecen,
ni la de los sayones que te insultan,
ni la de la plebe que te blasfema,
ni siquiera la de las piadosas
mujeres que te compadecen...

Es la palabra que tu no has pronunciado,
la de tu silencio, severo, grave, solemne,
no interrumpido ni para quejarte, disculparte,
justificarte, ni menos para recriminar,
volver por tu honra y la de los tuyos,
vindicar tu vida,
hundir en los abismos
 de la nada a tus acusadores...

¡Silencio largo, adorable,
 misterios de la Pasión de Cristo!
¡Cuánto confundes mi afán de justificarme,
disculparme, razonar,
volver por los fueros de mi orgullo,
egoísmo y amor propio!

¿Cuándo, Señor,
cuándo aprenderé tu silencio,
y cuándo sabré que Tú,
y sólo Tú eres el que justificas
y condenas y que el juicio
y estima de los hombres
 nada valen si Tú no los sancionas?

¿Cuándo, Jesús mío, aprenderé a callar,
a hablar poco con los hombres
y a hablar mucho contigo?
¿Cuándo imitare tu silencio,
humilde, paciente, adorable?
Jesús autem tacebat.
¡Oh Jesús callado,
dame la santa virtud de tu silencio!

 
 

martes, 19 de abril de 2011

TRAICIÓN Y NEGACIÓN


Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo,
Dios y Hombre verdadero,
Redentor de mi alma:
por el amor con que sufriste ser vendido de Judas,
preso y atado por mi salvación:
¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío:
por el amor con que padeciste
por mi alma tantos desprecios,
irrisiones, negaciones
y tormentos en la casa de Caifás:
¡Ten misericordia de mi!

Pacientísimo Jesús mío:
 por el amor con que por mi padeciste
tantos falsos testimonios,
afrentas injurias
y acusaciones falsas en la casa de Pilatos:
¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma:
por los desprecios,
escarnios y burlas de la casa de Herodes;
 por los azotes, corona de espinas
y mofas sangrientas
 y condenación a muerte de la casa de Pilatos:
¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma:
por todo lo que por mí padeciste
en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos
hasta el monte Calvario,
donde toleraste por mi amor
el ser crucificado para que yo me salvase:
¡Ten misericordia de mí,
ten misericordia de mí,
 ten misericordia de mí! Amén.



lunes, 18 de abril de 2011

GETSEMANÍ


¡Amoroso y Divino Jesús crucificado,
que lleno de amor a los hombres,
 te ofreciste ante el Eterno Padre
como víctima expiatoria
de los crímenes del mundo!

 Ya que me concediste la gracia de inspirarme,
que me ofrezca contigo en holocausto,
como víctima que une sus dolores a los tuyos
en desagravio de tantas culpas...

Yo, criatura indigna y miserable,
postrada delante de tu Cruz y
con la ayuda de tu gracia, confirmo
y ratifico mi promesa de querer padecer
con los mismos fines que Tú en ella padeciste...

 Recibe todo mi ser en holocausto
y haz de mi lo que quieras.
Sobre los brazos de tu Cruz
abro los míos para perdonar
 y abrazar a todos mis enemigos,
cuyo bien y salvación deseo
y prometo solemnemente procurar
cuanto sea de mi parte,
así como el alivio de sus penas e infortunios.

Y en fe de mi promesa,
adoro y beso esa Cruz sacrosanta,
desde la cual exclamaste
momentos antes de expirar:
«Padre mío, perdónalos a todos,
como yo los perdono.»


domingo, 17 de abril de 2011

UN DÍA UN CONSEJO

"Estáte atento para no desanimarte nunca al verte
  rodeado de debilidades espirituales. Si Dios te deja
  caer en alguna debilidad, no es para abandonarte,
  sino sólo para afianzarte en la humildad.
                                  (Padre Pío)

DOMINGO DE RAMOS


Cristo Jesús; posiblemente los que hoy te vitorean, el viernes pedirán tu muerte a gritos ante Pilato. Así es el mundo,así soy yo: unas veces estoy plenamente contigo, y es cuando mejor vivo; y otras, como si no existieras, contra el Evangelio de la vida. Yo quiero permanecer siempre en tu amor y en tu alabanza.Tú eres mi Dios y mi Rey. Aunque por decir la verdad te crucifiquen. Tú te entregas a la muerte, pero la muerte no podrá contra ti, y espero que tampoco pueda eternamente contra mí.





sábado, 16 de abril de 2011

UN DÍA UN CONSEJO

"El dolor ha sido amado con deleite por las almas grandes.
  Es el remedio de la creación después de la desgraciada
  caida; es la palanca más potente para levantarla; es el
  segundo brazo del amor infinito para nuestra
  regeneración".  (Padre Pío)

NO ME MUEVE, MI DIOS, PARA QUERERTE...

.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


viernes, 15 de abril de 2011

UN DÍA UN CONSEJO

"Imagina lo que sucedía en el corazón de nuestra Madre
  del cielo al pie de la cruz. Es tan intenso su dolor que
  permanece impertérrita ante su Hijo crucificado".
  (Padre Pío)
 

VIERNES DE DOLORES



El Viernes de Dolores es el viernes anterior al Domingo de Ramos, comprendido dentro de la última semana de la Cuaresma, conocida por la Iglesia como Semana de Pasión. En algunas regiones es considerado como el inicio de la Semana Santa o Semana Mayor, al iniciarse en éste las procesiones.

Los católicos manifiestan su fervor religioso en la celebración de los Dolores de Nuestra Señora, incluyendo por ejemplo en la liturgia de la Misa la secuencia del Stabat Mater.
En algunos lugares se le denomina Viernes de Concilio, el cual es tomado como día de ayuno y abstinencia, quedando proscrito el consumo de carnes.

Esta antigua celebración mariana tuvo mucho arraigo en toda Europa y América, y aún hoy muchas de las devociones de la Santísima Virgen del tiempo de Semana Santa, tienen su día festivo o principal durante el Viernes de Dolores, que conmemora los sufrimientos de la Madre de Cristo durante la Semana Santa.

El Concilio Vaticano II consideró, dentro de las diversas modificaciones al calendario litúrgico, suprimir las fiestas consideradas "duplicadas", esto es, que se celebren dos veces en un mismo año; por ello la fiesta primigenia de los Dolores de Nuestra Señora el viernes antes del Domingo de Ramos fue suprimida, siendo reemplazada por la moderna fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.

A pesar de ello, la Santa Sede contempla que, en los lugares donde se halle fervorosamente fecunda la devoción a los Dolores de María, este día puede celebrarse sin ningún inconveniente con todas las prerrogativas que le son propias.