lunes, 2 de febrero de 2026

El Señor te dice hoy: "He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas"



A veces buscamos consuelo en lugares equivocados, olvidando que en el "cajón" sagrado de las Escrituras tenemos un tesoro esperando a ser abierto. Hoy quiero que te detengas conmigo en un pasaje que no es un invento, ni una frase bonita: es Isaías 38, 5.

​Si hoy te sientes cansado, si la enfermedad ha llamado a tu puerta o si la tristeza te pesa en el alma, esta entrada es para ti.

Una oración de verdad: Rostro a la pared y llanto sincero

El rey Ezequías estaba enfermo de muerte. No buscó palabras elegantes ni discursos de sabio. La Biblia dice que simplemente se volvió hacia la pared y rompió en un gran llanto.

​Esa es la oración que quiero alentarte a hacer hoy:

  • Si es con lágrimas, que sea con lágrimas. No te limpies los ojos para ir ante Dios.
  • Si es con dolor, que sea con dolor. Dios no quiere filtros, quiere tu verdad.

​Las lágrimas son el idioma del alma cuando las palabras no alcanzan. Es esa oración la que rompe el cielo y hace que Dios baje a tu lado, a tu habitación, a tu herida.

Un Padre tierno que ve, escucha e interviene

Muchos tienen un "estereotipo" de Dios como alguien lejano, pero este pasaje nos demuestra lo contrario. La respuesta del Señor a Ezequías es de una ternura que estremece:

"Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor... He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a añadir quince años a tu vida." (Is 38, 5)


​¡Fíjate qué maravilla! Dios no solo oye los sonidos, Él ve el rastro del dolor en tu rostro. Es un Padre que provee la curación, que acude a tu ayuda y que interviene en el mundo de forma real. Lo que vivió Ezequías fue un presagio de Jesús: el Dios que se hizo carne para tocar nuestras llagas y secar nuestro llanto.

Los milagros son reales

No dejes que nadie te diga que la fe es algo separado de la vida. La fe es connatural a la persona; tu alma está ocupada por Dios y ahí mismo tienes Su huella.

​Si Él pudo hacer que la sombra retrocediera diez escalones en la escalinata de Acaz, ¿cómo no va a poder actuar en tu salud hoy? Los milagros existen porque Dios sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre.

Mi mensaje de ánimo para ti:

No escondas tu debilidad. Tu oración de lágrimas tiene la fuerza de un trueno en el cielo. Confía, porque el Señor ya ha inclinado su oído hacia ti. Él te ve, Él te escucha y Él sana.

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domingo, 1 de febrero de 2026

A Dios le importa tu felicidad: Las Bienaventuranzas son el Corazón de Jesús

 


Hoy quiero invitarte a entrar en lo más profundo del Evangelio de San Mateo (5, 1-12). Las Bienaventuranzas no son una teoría, son la biografía de Jesús. En cada una de ellas, Él nos está mostrando lo que hay en Su Corazón. Es un camino de felicidad que Él mismo trazó porque ya pasó por ahí.

​El Corazón de Jesús: Nuestra verdadera casa

​Cuando Jesús dice "Dichosos...", no está hablando desde fuera. Está compartiendo Su secreto de felicidad. En Su Corazón encontramos toda esta riqueza:

  • Pobres de espíritu: Es el Corazón humilde de Jesús, que no buscó su gloria sino la del Padre. Al ser humildes como Él, el Reino ya ES nuestro hoy.
  • Los que lloran: Es el Corazón sensible de Jesús que se conmueve ante nuestro dolor. Él ya lloró nuestras lágrimas, por eso Su consuelo es real y nos da esperanza.
  • Los sufridos y mansos: Es Su Corazón "manso y humilde". La felicidad no está en la fuerza, sino en la paz de saberse en manos de Dios.
  • Hambre y sed de justicia: Es el deseo infinito de Su Corazón de que todos seamos uno. Ese fuego es el que nos impulsa a no rendirnos.
  • Misericordiosos: Aquí está el centro de Su Corazón. Él nos amó primero. Perdonar es vivir como vive Dios.
  • Limpios de corazón: Es la mirada pura de Jesús que solo busca el bien. Quien ama así, empieza a ver a Dios en todo.
  • Trabajadores por la paz: Es Jesús, nuestra Paz, construyendo puentes. Ser artesanos de paz es llevar Su apellido.
  • Perseguidos por la justicia: Es el Corazón de Jesús entregado en la Cruz. Él ya pasó por la persecución y el rechazo, por eso nos asegura que ese camino, aunque difícil, lleva directo al Padre.

​Él no es un Dios ajeno

​Lo que nos da una esperanza invencible es que Jesús ya pasó por lo que tú estás pasando. Él no te pide nada que no haya vivido primero. Su felicidad es la de quien entrega la vida por amor. Seguir las Bienaventuranzas es, simplemente, dejar que nuestro corazón lata al ritmo del Suyo.

​Como nos enseñaron santos como el tierno Padre Pío, estas palabras son puentes que nos sacan de nosotros mismos para llevarnos a la felicidad verdadera. Ir a contracorriente de la sociedad es el único modo de no perderse, porque el camino de Jesús es el único que tiene corazón.


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