A veces buscamos consuelo en lugares equivocados, olvidando que en el "cajón" sagrado de las Escrituras tenemos un tesoro esperando a ser abierto. Hoy quiero que te detengas conmigo en un pasaje que no es un invento, ni una frase bonita: es Isaías 38, 5.
Si hoy te sientes cansado, si la enfermedad ha llamado a tu puerta o si la tristeza te pesa en el alma, esta entrada es para ti.
Una oración de verdad: Rostro a la pared y llanto sincero
El rey Ezequías estaba enfermo de muerte. No buscó palabras elegantes ni discursos de sabio. La Biblia dice que simplemente se volvió hacia la pared y rompió en un gran llanto.
Esa es la oración que quiero alentarte a hacer hoy:
- Si es con lágrimas, que sea con lágrimas. No te limpies los ojos para ir ante Dios.
- Si es con dolor, que sea con dolor. Dios no quiere filtros, quiere tu verdad.
Las lágrimas son el idioma del alma cuando las palabras no alcanzan. Es esa oración la que rompe el cielo y hace que Dios baje a tu lado, a tu habitación, a tu herida.
Un Padre tierno que ve, escucha e interviene
Muchos tienen un "estereotipo" de Dios como alguien lejano, pero este pasaje nos demuestra lo contrario. La respuesta del Señor a Ezequías es de una ternura que estremece:
"Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor... He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a añadir quince años a tu vida." (Is 38, 5)
¡Fíjate qué maravilla! Dios no solo oye los sonidos, Él ve el rastro del dolor en tu rostro. Es un Padre que provee la curación, que acude a tu ayuda y que interviene en el mundo de forma real. Lo que vivió Ezequías fue un presagio de Jesús: el Dios que se hizo carne para tocar nuestras llagas y secar nuestro llanto.
Los milagros son reales
No dejes que nadie te diga que la fe es algo separado de la vida. La fe es connatural a la persona; tu alma está ocupada por Dios y ahí mismo tienes Su huella.
Si Él pudo hacer que la sombra retrocediera diez escalones en la escalinata de Acaz, ¿cómo no va a poder actuar en tu salud hoy? Los milagros existen porque Dios sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre.
Mi mensaje de ánimo para ti:
No escondas tu debilidad. Tu oración de lágrimas tiene la fuerza de un trueno en el cielo. Confía, porque el Señor ya ha inclinado su oído hacia ti. Él te ve, Él te escucha y Él sana.
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