lunes, 16 de marzo de 2026

SEXTA ENTRADA: San Pío de Pietrelcina, un gigante en la fe con una misión grandísima

 

SEXTA ENTRADA

Retomando la homilía la beatificación del Padre Pío de la entrada anterior:

​Y dejó para la plaza de San Juan de Letrán, a la que se trasladó en helicóptero, una vez terminada la ceremonia de la beatificación, para saludar a los peregrinos que desde allí habían seguido la celebración y rezar el "Regina Coeli", uno de los rasgos más característicos de la espiritualidad del Padre Pío.

​"El Padre Pío -dijo con voz firme y emocionada- nos invita particularmente a amar y venerar a la Virgen María.

​Su devoción a la Virgen se transparenta en todas las manifestaciones de su vida: en las palabras y en los escritos, en las enseñanzas y en los consejos que dispensaba a sus numerosos hijos espirituales.

​Auténtico hijo de San Francisco de quien había aprendido a dirigirse a María con espléndidas expresiones de alabanza y amor, el nuevo beato no se cansaba de inculcar en los fieles una devoción a la Virgen tierna, profunda y enraizada en la genuina tradición de la Iglesia.

​Tanto en el secreto del confesionario como en la predicación, volvía siempre a exhortar: "¡Amad a la Virgen!". Al final de su paso por la tierra, en el momento de manifestar su última voluntad, volvió su pensamiento, como lo había hecho durante toda su vida, a María santísima: "Amad a la Virgen y haced que la amen. Recitad siempre el rosario"".

​En la canonización del Padre Pío, Juan Pablo II también quiso referirse a los aspectos ordinarios de la vida del Padre Pío y para ello, al final de la homilía, dirigió seis peticiones al "humilde y amado Padre Pío", en las que recogió los aspectos más llamativos de su santidad. Dijo así:

​"Humilde y amado Padre Pío:

​Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.

​Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.

​Alcánzarnos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

​Sosténnos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

​Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

​Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

​Continuará...


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1 comentario:

  1. "La devoción del Padre Pío no era algo superficial; era una entrega tierna y profunda que nos marca el camino. En esta sexta entrada de su biografía, las palabras de Juan Pablo II nos recuerdan que la santidad también reside en los gestos ordinarios y en la oración constante.
    ​Me encantaría saber qué os ha llegado más al corazón de estas seis peticiones. ¡Os leo en los comentarios! 🙏✨"

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