El mañana del Padre Pío
Al hablar del mañana del Padre Pío, y sabiendo que tiene lugar en el hoy en el que entró el día de su muerte, quiero referirme al hecho —no sé si único en la historia de la Iglesia— de una devoción al Padre Pío que, además de tener características muy especiales, se va extendiendo de forma prodigiosamente llamativa en todo el mundo.
Va alcanzando a millones de hombres y mujeres de los cinco continentes, incluso de otras confesiones cristianas distintas de la católica y de otras religiones y, a juzgar por los hechos, se están produciendo frutos maravillosos de santidad en sus dos dimensiones: oración e intimidad con Dios y el amor fraterno.
La Visión del Cáliz de Oro
Alguien ha contemplado a la Virgen en el cielo, que de Cristo —que se recostaba en el corazón del Padre y no se ha introducido antes en su costado abierto— recibía por medio del Espíritu Santo, en un enorme cáliz de oro, a todos los habitantes de la Tierra y que se dirigía a los santos para confiarles el cuidado de sus hijos.
Al Padre Pío le confió tantos y tantos que parecía que quería vaciar el cáliz en sus brazos mientras este, sonriendo, le decía que sí y le hacía señas con las manos para que le diera todavía más.
Simbolismo en San Giovanni Rotondo
Hace algunas semanas puse por escrito para una revista de información religiosa la comunicación que un hermano de la Fraternidad me hizo hace unos años: en las tres iglesias del entorno del Convento de Capuchinos de San Giovanni Rotondo —las dos existentes y la que se estaba construyendo— él veía un claro simbolismo de la vida del Padre Pío.
Tres iglesias que, en fechas de construcción y en dimensiones, van de menos a más; y en este sencillo dato es fácil imaginar un bello simbolismo del corazón y de la vida del Padre Pío.
Los Inicios y la Misión Grandísima
Desde su llegada a este pueblecito perdido de las faldas del monte Gargano, en un 28 de julio de 1916, hasta que la noticia de los "estigmas" recibidos del Señor el 20 de septiembre de 1918 fue llegando a pueblos y ciudades, el Padre Pío atendía como padre espiritual a los niños del pequeño seminario, confesaba y mantenía correspondencia de dirección espiritual.
Pero su corazón, destinatario de una "misión grandísima" que el Señor ya le había revelado a la temprana edad de 16 o 17 años, necesitaba romper barreras y abrir horizontes. La vida del Padre Pío comenzó a ser, aún mucho antes de la construcción de este templo, grande como el Santuario de Nuestra Señora de las Gracias.
La Promesa en la Puerta del Paraíso
Las gentes llegaban hasta él desde todos los rincones del mundo y el Padre Pío acogía con amor a todos:
- Liberaba de los lazos del maligno a los pecadores.
- Buscaba solución eficaz a los enfermos (Casa Alivio del Sufrimiento).
- Se ofrecía al Señor como víctima por la salvación del mundo.
Si esa segunda iglesia le pareció pequeña como una "cajita de cerillas", es porque su corazón era ya tan grande que pudo decir: "Soy todo de todos y de cada uno". Y prometió que, cuando el Señor lo llamara a su reino, le diría: "Señor, yo me quedo a la Puerta del Paraíso; entraré cuando haya visto entrar al último de mis hijos".
Conclusión y Llamada a la Espiritualidad
Tendremos que decir con el Papa Benedicto XV, que el "Padre Pío es un hombre extraordinario que Dios ha querido enviar para convertir a los hombres de nuestro tiempo". Tendremos que ver en él también una llamada del Señor a difundir por todo el mundo su devoción y a vivir la rica espiritualidad que se encierra en sus enseñanzas.
La Virgen María, en la vocación de Nuestra Señora de las Gracias, nos alcance la gracia de conocer y de colaborar en los designios salvíficos del Señor.
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