lunes, 9 de marzo de 2026

La Traición al Carisma y la Fe de "Conveniencia"


"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor." (Apocalipsis 2:4)

​Estamos viviendo una alarmante "mundanización" de la estructura eclesiástica. En un intento por resultar atractivos a la mentalidad liberal y "gustar a todos", muchos han decidido rebajar el Evangelio hasta convertirlo en una filosofía ética inofensiva. Se busca el aplauso del mundo a costa de perder la esencia. Esta falta de identidad genera una inmovilidad espiritual que asfixia a los laicos: se prefiere ser políticamente correcto antes que ser fiel al fuego original que encendió a los santos.

​El ejemplo más doloroso de esta traición es la falta de coherencia litúrgica. Es inaudito que se celebren festividades basadas en realidades místicas —como los estigmas o las visiones— por parte de quienes, en su fuero interno, las consideran leyendas o productos de una mentalidad atrasada. Predican activamente el "no" a las reliquias y desprecian los estigmas como algo irracional, negando lo sobrenatural desde el propio altar, y después, por pura inercia o compromiso social, celebran estas mismas festividades. Esta contradicción pública crea en el laico una confusión terrible, un rechazo profundo y una inseguridad paralizante, al ver que sus guías no saben ni lo que creen.

​Más aún, se ha llegado al extremo dogmático de imponer que no se puede creer en lo sobrenatural. Se afirma que se duda de la experiencia mística de los santos, porque al hacerlo, están anulando todo lo que hace a su carisma algo divino. Han convertido su duda racionalista en un dogma absoluto. Esto crea una disonancia cognitiva insoportable: se nos ofrece un ritual externo vacío de convicción interna.

​Cuando el carisma se vuelve un traje de conveniencia que se pone y se quita según interese (por dinero, prestigio o control social), la fe se convierte en una "fachada" sin vida. Es totalmente ilógico que religiosos que dicen seguir a un santo fundador renieguen de la esencia sobrenatural de su propio carisma; a ellos los santos les estorban y, si fuera por ellos, los quitarían a todos. Se parecen más a gestores de una ONG que a verdaderos hijos de sus santos. El laico no busca expertos en gestión ideológica, busca pastores que crean con pasión aquello que celebran en el altar.


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domingo, 8 de marzo de 2026

LA SED DE DIOS

 


Evangelio según San Juan (4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42)

​Llegó, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tal cual junto al pozo. Era cerca de la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice:

— Dame de beber.

(Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida). Le dice la mujer samaritana:

— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?

(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió:

— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva.

Le dice la mujer:

— Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es hondo, ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del cual bebió él mismo, sus hijos y sus ganados?

Jesús le respondió:

— Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se hará en él una fuente de agua que salta hasta la vida eterna.

Le dice la mujer:

— Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni tenga que venir aquí a sacarla.

​[...] — Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que es en Jerusalén el lugar donde se debe adorar.

Jesús le dice:

— Créeme, mujer, que llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y es esta, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque así son los adoradores que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad.

Le dice la mujer:

— Sé que el Mesías —el que se llama Cristo— va a venir; cuando él venga nos lo explicará todo.

Jesús le dice:

— Yo soy, el que habla contigo.

​[...] Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él. Así que, cuando los samaritanos llegaron a él, le rogaban que se quedara con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por su palabra; y le decían a la mujer:

— Ya no creemos por lo que tú has dicho, nosotros mismos le hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo.

Reflexión: El encuentro que sacia nuestra sed radical

​Resulta fascinante contemplar cómo Jesús se esfuerza en propiciar encuentros desde una apariencia de casualidad. No sale al paso de manera estrepitosa, sino que nos confronta con verdades que a veces obviamos por incómodas en medio de nuestra rutina.

​En la sed, todas las personas podemos identificarnos, pues es una experiencia común a toda la humanidad. La sed nos muestra una de las necesidades fundamentales para vivir; nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad y penurias, no solo las físicas, sino también los anhelos humanos de aceptación, amor, comprensión y sentido. Y allí, precisamente a ese espacio cotidiano donde creemos saciar la sed, es donde acude el Señor.

​Él se acerca rompiendo convencionalismos sociales, culturales y religiosos. Un judío habla abiertamente con una mujer samaritana, algo inusual y hasta reprochable para la época. Jesús también tiene sed y nos pide que le saciemos: «Dame de beber». Lo expresa hoy en el pozo y lo volverá a repetir en la Cruz.

​Frente a la sospecha de la mujer, Jesús insiste. Acoge sin distinción y despierta los deseos más profundos, los de verdad. Es una invitación a:

  • Reconocer quién soy, mi sed y mi deseo de satisfacción radical.
  • Reconocer mis propias necesidades y limitaciones.
  • Reconocerte a Ti como aquel que desea saciarme y atraerme.

​Nuestra respuesta hoy no puede ser otra que la de la samaritana: «Señor, dame de ese agua, así no tendré más sed».


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sábado, 7 de marzo de 2026

TERCERA ENTREGA: San Pío de Pietrelcina, un gigante en la fe con una misión grandísima 🕊️

TERCERA ENTREGA:

EL SERVICIO A LA NACIÓN Y EL ENCUENTRO CON EL GÁRGANO

En los años 1915-1917, durante la primera guerra mundial, con prolongadas ausencias por motivos de salud, sirvió como soldado a la nación, en Benevento, Nápoles y Foggia.

El 28 de julio de 1916, con la intención de tomar durante unos días el aire puro de la montaña, subió por primera vez a la Fraternidad de Capuchinos de San Giovanni Rotondo. Regresó de nuevo a este pequeño pueblo del monte Gárgano el 4 de septiembre, y en este convento, silencioso y solitario al principio y bullicioso y concurridísimo después, lo quiso el Señor durante los 52 últimos años de su vida, hasta el 23 de septiembre de 1968, y para siempre después de la muerte.

EL MISTERIO DE LAS LLAGAS Y LAS PRIMERAS DISPOSICIONES DEL SANTO OFICIO

El 20 de septiembre de 1918 recibió las "llagas" en manos, pies y costado. Éste y otros carismas extraordinarios le obtuvieron muy pronto una fama mundial, pero le acarrearon también un sin fin de problemas. Graves calumnias, también de algunos que tendrían que buscar y defender con más celo la verdad, motivaron, en los años 1922 y 1923, las primeras disposiciones del Santo Oficio, que además de declarar que no constaba la sobrenaturalidad de los hechos, imponían serias restricciones al ministerio pastoral del Padre Pío.

EL CALVARIO DE LA INCOMPRENSIÓN Y LAS RESTRICCIONES ABSOLUTAS

Estas restricciones fueron absolutas desde el 11 de junio de 1931 hasta el 16 de julio de 1933, de forma que no se le permitía ni salir del convento, ni recibir visitas, ni mantener correspondencia con el exterior...; podía sólo celebrar la Santa Misa en privado, en la capilla interior del convento.

Por motivos muy turbios y, sin duda, como afirmó Juan Pablo II en la homilía de la beatificación, "por una permisión especial de Dios", tuvo que sufrir de nuevo, en los años 1960-1964, sacrílegos espionajes y dolorosas incomprensiones, calumnias y limitaciones en el ejercicio de su ministerio sacerdotal.

UNA LABOR SACERDOTAL QUE TRASCIENDE LAS TRABAS

Pero, en los muchos años en que pudo ejercer sin trabas su ministerio, el Padre Pío realizó una intensa y sorprendente labor sacerdotal, centrada en el altar y en el confesionario, que impulsó a muchos miles de hombres y mujeres de todo el mundo hacia la santidad, ayudó a otros a recobrar la fe o a encontrar a Dios, y enriqueció además la Iglesia con obras tan importantes y beneficiosas como la "Casa Alivio del Sufrimiento" y los "Grupos de Oración".

EL ENCUENTRO CON "LA HERMANA MUERTE" 

El Padre Pío murió, casi de forma inesperada, a las 2:30 del día 23 de septiembre de 1968; la "hermana muerte" borró de su cuerpo todo rastro o cicatriz de las "llagas"; y de sus restos mortales, enterrados allí, a las 10 de la noche del 26 de septiembre, después de recibir durante 4 días las manifestaciones de afecto y las súplicas de miles de devotos, de desfilar durante 3 horas por las calles de San Giovanni Rotondo y de una concurridísima misa de funeral al aire libre, al atardecer de ese día 26, son venerados cada día por miles de peregrinos en la cripta que se preparó, unos meses antes, con esta finalidad, exactamente debajo del altar mayor del Santuario de Nuestra Señora de las Gracias, y -son llamativas las coincidencias- que fue bendecida a las 11 de la mañana del día 22 de septiembre, víspera de su muerte, al mismo tiempo que la primera piedra del monumental Vía Crucis que recorre varios cientos de metros por las estribaciones del Monte Gárgano, obra del conocido escultor Francisco Messina.

Con su partida, el misterio de su vida terrenal se cerró, pero comenzó el asombro por su legado espiritual. ¿Qué dones y carismas extraordinarios marcaron su camino y siguen conmoviendo al mundo hoy? Lo descubriremos en la próxima entrega. 


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viernes, 6 de marzo de 2026

La Razón que Adora y El Racionalismo que Enfría


"Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino." (Salmo 119:105)

​La capacidad de razonar es un don divino, una luz puesta por Dios en el alma humana para buscar la Verdad. Cuando la razón se pone al servicio de la fe, se convierte en un motor que enardece el corazón; cuanto más comprendemos la grandeza de la creación y la profundidad de las Escrituras, más crece nuestro amor. La verdadera inteligencia es humilde: sabe que su función es llevarnos hasta el umbral del Misterio, descalzarse y permitir que el Espíritu nos introduzca en lo invisible.

​Sin embargo, hoy nos enfrentamos a la sombra del racionalismo. Esta no es una herramienta de conocimiento, sino una ideología de soberbia. El racionalismo no se arrodilla ante el Misterio, sino que pretende someter a Dios al tamaño de la lógica humana. Para el racionalista, lo que no se explica en un laboratorio o en un despacho de sociología no existe, o es un "mito" para gente sencilla.

​Este enfoque se nota con especial fuerza en la forma de abordar la Sagrada Escritura en muchos institutos teológicos y talleres bíblicos actuales. Se ha impuesto una tendencia a vaciar la Biblia de todo componente sobrenatural, reduciendo los milagros, las profecías y la acción directa de Dios a meras "metáforas" o relatos simbólicos. En su lugar, se enfoca la predicación exclusivamente hacia lo social, convirtiendo el Evangelio en un manual de activismo político. Se ha acentuado tanto la Doctrina Social que parece haberse convertido en el centro mismo de la fe, desplazando a la espiritualidad, a la oración y a los sacramentos.

​El resultado es un racionalismo estéril: se forman muchos voluntarios para hacer el bien, puro altruismo, pero se les ha alejado de la fuente. Puedes tener un ejército de personas haciendo trabajo social, pero si no les hablas de Jesús ni de Dios, no te escucharán ni entenderán el verdadero sentido de su labor. Pasan por encima de la fuerza redentora de la Cruz, no tocan el misterio de la Resurrección, y se olvidan de la salvación de las almas. Es un barniz de hielo que deja a los laicos huérfanos de experiencias reales con el Dios vivo.


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jueves, 5 de marzo de 2026

SEGUNDA ENTREGA: San Pío de Pietrelcina, un gigante en la fe y con una misión grandísima 🕊️


Segunda entrega

El 22 de enero de 1903 vistió el habito capuchino en Morcone y recibió su nuevo nombre: Fray Pío de Pietrelcina.

Emitió los votos religiosos temporales en esa localidad el 23 de enero de 1904, y los perpetuos, en San Elia a Piasini el 27 de enero de 1907.

Cursó los estudios de filosofía y teología en los centros de formación que los Capuchinos de la Provincia de Foggia tenían en San Elia a Piasini, San Marco la Cátola, Serracapiola y Montefusco; y, en su camino hacia el sacerdocio, recibió las Órdenes Menores en Benevento el 19 de diciembre de 1908, el Subdiaconado dos días después, el 21 de diciembre, en la misma ciudad, el Diaconado en Morcone el 18 de julio de 1909, y la ordenación sacerdotal en Benevento el 10 de agosto de 1910, después de haber obtenido de la Sagrada Congregación de Religiosos la dispensa de nueve meses de la edad requerida, en documento del 1 de julio de 1910.

- Una enfermedad misteriosa - para los médicos y para él mismo:

"Yo ignoro la causa de tofo esto. Y en silencio adoro y beso la mano de aquel que me hiere", escribió a su Director espiritual en carta del 26 de mayo de 1910-

le obligó a dejar el convento y buscar el clima y los aires de su Pietrelcina natal desde los primeros meses del año 1909 hasta el 17 de febrero de 1916, fecha en que se incorporó a la Fraternidad capuchino de Santa Ana de Foggia.

En estos años, sus penitencias, sus largas horas de oración, su lucha denodada contra los ataques, más violentos si cabe que en etapas anteriores, de Satanás, los fenómenos místicos antes citados que se repetían y a los que hay que añadir la "coronación de espinas", la "flagelación", las "llagas" en su cuerpo desde el mes de septiembre de 1910, que, ante sus ruegos insistentes al Señor, permaneciendo por unos años invisibles..., le prepararon para cumplir su "grandisima misión"; misión que ya se le reveló en el año del noviciado y a la que hará alusión en la carta de noviembre de 1922 a su hija espiritual Nina Campanile:

"Pero Tú, que me mantenías oculto a los ojos de todos, tenías confiada a tu hijo una grandisima misión que sólo se nos ha dado a conocer a Ti, Dios mío y a mí ".

"Pero, ¿en qué consistía realmente esa misión que solo Dios y él conocían? En la próxima entrega, descubriremos cómo el silencio de Pietrelcina comenzó a dar paso a una luz que pronto conocería el mundo entero. No te pierdas la tercera entrega."


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miércoles, 4 de marzo de 2026

LA VOZ DE LOS LAICOS

 

El camino hacia una Iglesia sinodal no es un proceso administrativo, sino un cambio profundo en el modo de ser y de estar en "nuestra casa". Para levantar la losa de una visión jerárquica instaurada por la repetición y la inercia, el documento del Sínodo señala unos pilares fundamentales que devuelven al laico su verdadera dignidad.

​1. La acogida y la escucha como hospitalidad

​La escucha no es una cortesía, es el elemento que caracteriza a la Iglesia. No se trata de oír, sino de una acogida que se convierte en hospitalidad. Cuando la escucha es real, se acaba la inmovilidad y el laico deja de ser un invitado para sentirse habitante de su propio hogar. Como dice el documento (Nº 8): "La escucha es una forma de hospitalidad".

​2. De colaboradores a corresponsables

​Es hora de "espabilar". La formación no es para "clericalizarse" ni para que el laico juegue a ser cura; es para que asuma su corresponsabilidad. El documento es claro: los laicos no son simples colaboradores, sino responsables directos de la misión por su dignidad bautismal (Nº 2). Esto significa pasar de la "petición" constante de permiso a la acción consciente y madura.

​3. La instrucción contra la ignorancia y la división

​La falta de conocimiento es la raíz de los enfrentamientos y de la crítica vacía. Un laico debe instruirse en sus derechos y deberes para tener criterio propio. Sin esa formación, se corre el riesgo de repetir errores del pasado o de aceptar opiniones personales como verdades absolutas. La formación integral (Nº 14) es la herramienta para que haya más consenso y menos discusión; cuando la gente se implica en conocer, nace la unión.

​4. La Palabra de Dios y el discernimiento compartido

​El discernimiento no es una reunión de opiniones, tiene como punto de referencia central la Palabra de Dios. Es el camino y la base de toda decisión. La autoridad no debe decidir sola (Nº 3), sino tras un proceso de oración compartida. Esta oración en común es lo que quita la "extrañeza" entre sacerdotes y laicos, permitiendo que trabajen juntos sin usurpar funciones, pero con un mismo horizonte.

Conclusión:

La verdadera renovación de la Iglesia pasa por la madurez del laico. Una formación sólida nos da el criterio, la Palabra de Dios nos marca el camino y la oración en común nos regala la unión. Solo así dejaremos de ser "cristianos de segunda" para ser una comunidad viva.


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martes, 3 de marzo de 2026

San Pío de Pietrelcina: Un gigante en la fe con una misión grandísima

Presentación de este camino

​Hoy iniciamos un recorrido muy especial por la vida de San Pío de Pietrelcina. Para ello, vamos a utilizar la biografía breve que confeccionó Fray Elías Cabodevilla Garde, un material que él mismo preparó y repartió en los grupos de oración Padre Pío.

​Este librito posee un valor especial, ya que no es solo un libro, sino el legado que el propio Padre Elías entregaba personalmente a sus grupos. Es un documento que emana la esencia de nuestra comunidad y que conservamos como un verdadero tesoro espiritual.

​A partir de hoy, iré compartiendo con vosotros, poco a poco, el contenido de estas páginas para que podamos ser testigos de la extraordinaria misión de este gigante en la fe.

​Comenzamos: 

La vida terrena del Capuchino italiano Padre Pío  de Pietrelcina se apagó  el 23 de septiembre de 1968; su camino hacia la gloria de los altares alcanzó la meta deseada el 16 de junio del 2002; y el "ruido" que, según su anuncio profético, debe hacer "más después de muerto que en vida" va creciendo de tal modo que no es fácil imaginar los designios salvíficos del Señor por medio de este Santo.

EL AYER DEL SANTO

Francesco Forgione De Nunzio, hijo de Grazio María y de Maria Josefa, nació en Pietrelcina, Provincia de Benevento (Italia), el 25 de mayo de 1887; fue bautizado al dia siguiente en la iglesia arcipreste de Santa Maria de los Ángeles; y en 1899 recibió la Primera Comunión  a la edad de 11 años, y el 27 de septiembre,  a los 12, el Sacramento de la Confirmación.

A la edad de 5 años prometió "fidelidad" a San Francisco de Asís  y comenzaron para él los primeros fenómenos místicos: éxtasis, ataques, también físicos, del demonio, visiones del Señor, de la Virgen María,  de San Francisco, del Ángel Custodio..., que no comunicó a nadie hasta el año 1915, porque "creía que eran cosas ordinarias que sucedíana todas las almas".

"En la próxima entrada continuaremos descubriendo este tesoro de biografía. ¡No os perdáis el siguiente paso en la vida de nuestro gigante en la fe!"

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