SEXTA ENTRADA
Retomando la homilía la beatificación del Padre Pío de la entrada anterior:
Y dejó para la plaza de San Juan de Letrán, a la que se trasladó en helicóptero, una vez terminada la ceremonia de la beatificación, para saludar a los peregrinos que desde allí habían seguido la celebración y rezar el "Regina Coeli", uno de los rasgos más característicos de la espiritualidad del Padre Pío.
"El Padre Pío -dijo con voz firme y emocionada- nos invita particularmente a amar y venerar a la Virgen María.
Su devoción a la Virgen se transparenta en todas las manifestaciones de su vida: en las palabras y en los escritos, en las enseñanzas y en los consejos que dispensaba a sus numerosos hijos espirituales.
Auténtico hijo de San Francisco de quien había aprendido a dirigirse a María con espléndidas expresiones de alabanza y amor, el nuevo beato no se cansaba de inculcar en los fieles una devoción a la Virgen tierna, profunda y enraizada en la genuina tradición de la Iglesia.
Tanto en el secreto del confesionario como en la predicación, volvía siempre a exhortar: "¡Amad a la Virgen!". Al final de su paso por la tierra, en el momento de manifestar su última voluntad, volvió su pensamiento, como lo había hecho durante toda su vida, a María santísima: "Amad a la Virgen y haced que la amen. Recitad siempre el rosario"".
En la canonización del Padre Pío, Juan Pablo II también quiso referirse a los aspectos ordinarios de la vida del Padre Pío y para ello, al final de la homilía, dirigió seis peticiones al "humilde y amado Padre Pío", en las que recogió los aspectos más llamativos de su santidad. Dijo así:
"Humilde y amado Padre Pío:
Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.
Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.
Alcánzarnos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.
Sosténnos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.
Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.
Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Continuará...
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"La devoción del Padre Pío no era algo superficial; era una entrega tierna y profunda que nos marca el camino. En esta sexta entrada de su biografía, las palabras de Juan Pablo II nos recuerdan que la santidad también reside en los gestos ordinarios y en la oración constante.
ResponderEliminarMe encantaría saber qué os ha llegado más al corazón de estas seis peticiones. ¡Os leo en los comentarios! 🙏✨"