El Padre Pío no pudo menos de compartir y de buscar remedio eficaz a los sufrimientos de sus hermanos. Sólo un loco o un santo pudo lanzarse a una empresa tan arriesgada, por no decir humanamente imposible, como la de construir con los donativos de los fieles un hospital de 300 camas en la lejanía del monte Gargano.
El entorno de San Giovanni Rotondo era en aquel entonces uno de los más pobres y abandonados de Italia. Alejado de todas las ciudades de Nápoles y de Foggia, y con unos medios de comunicación deficientes, los enfermos estaban condenados a vivir su enfermedad y a morir en condiciones lamentables, sin asistencia médica adecuada.
El preludio y la primera piedra
Del gran hospital, cuya primera piedra se bendijo y colocó el 16 de mayo de 1947, fue un preludio durante 13 años, desde enero de 1925 hasta el terremoto de 1938 que lo destruyó, el "Hospital de San Francisco", acomodado en un pequeño local del antiguo monasterio de clarisas de San Giovanni Rotondo.
Urgidos por las consignas del Padre Pío: "En cada enfermo está Jesús que sufre; en cada pobre está Jesús que languidece; en cada enfermo pobre está dos veces Jesús", un grupo de "locos" se implicaron de lleno en la construcción de uno de los hospitales más modernos y amplios de Italia, "destinado a aliviar los sufrimientos del cuerpo y del alma", al que el mismo Padre Pío dio el nombre tan significativo de "Casa Alivio del Sufrimiento".
La criatura de la Providencia
Los donativos, pequeños o cuantiosos, fruto siempre del sacrificio del que los entregaba, sobre todo de los miembros de los Grupos de Oración, fueron llegando ininterrumpidamente desde los cinco continentes. Con razón pudo decir el Padre Pío, el día 5 de mayo de 1956, fiesta de San Pío, en la ceremonia de la inauguración:
"Esta es la criatura que la Providencia, ayudada por vosotros, la ha creado; os lo presento. Admirarla y bendecir juntos conmigo al Señor. Agradezco a los bienhechores de todo el mundo que han colaborado".
El Padre Pío —son palabras de Juan Pablo II en la homilía del 2 de mayo de 1999— la quiso como un hospital de primer orden, pero sobre todo se preocupó de que en él se practicase una medicina verdaderamente "humanizada", en la que el contacto con el enfermo se distinguiera por la atención más cálida y por la acogida más cordial.
Sabía bien que quien está enfermo y sufre, necesita, no solo de una correcta aplicación de los medios terapéuticos, sino también y sobre todo de un clima humano y espiritual que le permite encontrarse consigo mismo al entrar en contacto con el amor de Dios y con la ternura de los hermanos.
En su construcción y en las sucesivas ampliaciones hasta alcanzar las cifras actuales de 1.200 camas y más de 3.000 trabajadores implicados en ella, la "Casa Alivio del Sufrimiento" —son de nuevo palabras del Papa— puede "demostrar que los milagros ordinarios" de Dios pasan a través de nuestra caridad".
Continuará...
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"Es impresionante ver cómo la Casa Alivio del Sufrimiento es el testimonio vivo de que, cuando nos unimos en oración y sacrificio, la Providencia hace posible lo imposible. Una medicina que abraza no solo el cuerpo, sino también el alma. ¡Gracias por compartir esta joya de la biografía!"
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