La confusión predominante en el debate eclesial actual radica en la falsa premisa de que aceptar una visión teológica exige la anulación de la otra. Esta mentalidad de exclusión es la causa principal de la inmovilidad que afecta a la comunidad. El Documento Final del Sínodo 2024 es claro al respecto: la unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino una "armonía de las diferencias" donde la pluralidad de visiones es una riqueza constitutiva, no una amenaza.
El equilibrio entre Tradición y Renovación
Bajo el actual pontificado de León XIV, se debe recordar que la Tradición es, según la Constitución Dei Verbum, un río vivo que progresa y no una estructura estática.
- La fidelidad a las raíces garantiza la identidad.
- La apertura a los signos de los tiempos garantiza la relevancia.
El conflicto surge cuando se rompe este equilibrio. El intento de imponer una visión sobre la otra nace del desconocimiento o de una instauración sectaria que olvida la máxima de San Agustín: "En lo esencial, unidad, en dudoso, libertad; en todo, caridad". Sin respeto, la caridad desaparece, y con ella, la unidad que Jesús pidió para su Iglesia.
Los límites de la diversidad: El caso alemán
No obstante, la "unidad en la diferencia" tiene límites precisos que garantizan la identidad católica. El Papa Francisco fue firme al criticar tendencias que, bajo la apariencia de progreso, se acercan excesivamente a visiones protestantes, perdiendo la esencia sacramental y apostólica. La riqueza teológica no consiste en la asimilación de ideologías externas, sino en el fortalecimiento de la propia fe frente a los desafíos modernos.
Superar la parálisis
La concordia solo es posible cuando se abandona la pretensión de ser los únicos poseedores de la verdad. Los santos son puentes, no destinos; del mismo modo, las corrientes teológicas deben servir para transitar hacia la comunión. Como principio rector, la Iglesia debe ser un espacio donde la Tradición y la renovación convivan con el rigor que exige el Evangelio. "La voz del laico" sintetiza el derecho y el deber del laico de habitar una Iglesia donde la libertad de pensamiento no comprometa la integridad de la fe.
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¿Armonía o división? 🤔 La teología nos llama a construir puentes, no muros. ¿Cuál es tu postura ante este reto actual?
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