El fundamento espiritual
La sinodalidad no es un proyecto de ingeniería humana ni una dinámica de grupo para alcanzar consensos sociales. Es, ante todo, un acontecimiento espiritual. Como laicos, observamos con preocupación que en muchos diálogos parroquiales se corre el riesgo de caer en un "horizontalismo" donde Dios parece un invitado mudo y todo se fía a la gestión de estructuras.
1. La Iglesia no avanza por "planes perfectos"
Existe la tentación de creer que la renovación de la Iglesia depende de nuestras brillantes ideas, de una organización impecable o de estrategias de marketing. El Papa Francisco ha advertido constantemente contra este pelagianismo moderno que confía más en las fuerzas humanas que en la Gracia.
- Fundamento oficial: El Documento Final del Sínodo (DFS, octubre 2024), en su n. 43, es tajante: "Si falta la profundidad espiritual, personal y comunitaria, la sinodalidad se reduce a un expediente organizativo, una retórica que no incide en la vida".
- La perspectiva laica: La Iglesia no es una empresa. Debemos "bajar" del pedestal de nuestra autosuficiencia. El Reino de Dios no lo construimos nosotros; es el Señor quien lo hace presente a través de Su Espíritu.
2. La Conversión: Un don que nos pone en marcha
La palabra conversión es estratégica y central en el Sínodo, pero debe ser correctamente entendida. No es un "cambio de opinión" que uno decide por sí mismo, sino una respuesta a la Gracia.
- Fundamento oficial: El DFS (nn. 39-50) define la conversión como una "configuración con Cristo". Es obra del Espíritu Santo en nosotros.
- La perspectiva laica: Yo no puedo "fabricar" mi conversión ni la de los demás. La verdadera conversión es la acogida de la Voluntad de Dios. Sin este reconocimiento de nuestra necesidad de Dios, caemos en el inmovilismo de la queja y la petición constante, porque nuestras fuerzas humanas pronto se agotan.
3. Ni gestión humana, ni espiritualismo vacío
Es vital recalcar que poner la Gracia en el centro no es inmovilismo. A menudo, quienes prefieren confiar solo en estructuras tachan la vida de oración de "espiritualismo" para descartarla.
- La realidad: La oración no es una huida de la realidad, es el motor de la acción. La verdadera acogida al hermano es imposible si no hemos acogido primero a Dios en la oración. No podemos dar lo que no hemos recibido. Quien reza de verdad es quien más se mueve, porque no actúa por sus propios caprichos, sino por obediencia al Señor.
- Fundamento oficial: El DFS (n. 51) aclara que el discernimiento no es un sondeo de opiniones, sino una escucha de lo que el Espíritu dice. Si no escuchamos a Dios (relación vertical), nuestra escucha al prójimo (relación horizontal) será vacía y sin capacidad de transformación.
4. Una casa con Dueño
Frente a la idea de que "Dios no interviene en lo humano", afirmamos que sin Su intervención no hay Iglesia. Como decimos siempre: en esta casa común, el canal de comunicación debe estar abierto primero al Dueño. No somos inquilinos que deciden las normas; somos familia que busca cumplir la Voluntad del Padre.
Conclusión
Reclamamos que la oración y la vida de Gracia vuelvan a ser el centro de cada resumen y diálogo sinodal. Menos atosigamiento por las estructuras y más docilidad al Espíritu. La sinodalidad será real solo si "bajamos" a la humildad de reconocer que sin el Señor no podemos hacer nada.
Nota: Todas las referencias al "Documento Final del Sínodo" corresponden a la versión aprobada por la Asamblea en octubre de 2024.
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"¿Alguna vez te has sentido paralizado por la queja? Yo también. Hoy he descubierto que la clave no es cambiar de planes, sino dejar que Dios haga los suyos. ¡Os leo en los comentarios!"
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