¿Alguna vez has sentido que tu oración es como hablar en una habitación vacía?A veces la oscuridad es tan grande que llegas a pensar: "Dios no me escucha, se ha olvidado de mí".
Pero hoy quiero recordarte la historia de unas huellas en la arena. Cuando una mujer vio solo un par de pisadas en la arena y se preguntó: ¿Por qué me dejas ahora sola Señor en este momento tan triste de mi vida? Solo veo mis huellas y las tuyas, ¿donde están? Dios, con toda su ternura, le respondió: "Hija mía, esas huellas esas huellas que ves no son las tuyas, son las mías. Te llevo sobre mis brazos".
En la oración sucede algo precioso: No ves a Dios porque te está te abraza y te carga en sus brazos. Cuando abrazas a alguien con mucha fuerza, dejas de verle la cara porque estás demasiado cerca, corazón con corazón.
Aunque tu fe sea oscura y sientas que la soledad te corta el alma, no te rindas. Sigue hablándole. Él está ahí, sosteniendo tu peso, respirando contigo. Él te abraza y te sostiene.
✨ Él te dice al oido: "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios" (Isaías 41, 10).
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