Esta entrada aborda uno de los pilares más críticos del Documento Final del Sínodo: el reconocimiento del dolor y la exigencia de una respuesta inmediata, profunda y transparente de la Iglesia frente a los abusos. No puede haber una verdadera comunidad en "nuestra casa" si no sanamos primero las heridas de quienes han sufrido.
La centralidad del dolor y la justicia
El Sínodo es tajante: la Iglesia debe escuchar con sensibilidad y pasión a quienes han sido dañados. Este no es un trámite administrativo; es el corazón de la conversión.
- El dolor en el centro: El sufrimiento de las víctimas debe ser la brújula que guíe cualquier cambio estructural.
- Reconocimiento integral: La escucha no se limita a lo físico; abarca abusos sexuales, de poder, de conciencia y espirituales.
La urgencia ante el abuso espiritual
Es fundamental recalcar que el abuso espiritual y de conciencia es una de las grandes lacras actuales. Al no dejar marcas físicas visibles, a menudo se ha caído en la inmovilidad, pero el daño en el sagrario de la conciencia es una violación gravísima de la libertad:
- Respuesta rápida: El documento exige una acción eficaz y sin demoras. No se puede esperar a que el daño sea "tangible" para intervenir.
- Manipulación de la fe: Se identifica como abuso el uso de la autoridad o de "la voluntad de Dios" para someter o anular la voluntad del fiel.
El papel del laico: Vigilancia y cuidado
La escucha y la prevención no son tareas exclusivas de la jerarquía; son una responsabilidad de toda la comunidad. Para superar la "petición y la inmovilidad" del pasado, los laicos debemos ser protagonistas:
- Romper el silencio: La salud de nuestra comunidad depende de nuestra capacidad para señalar comportamientos manipuladores. El silencio nos hace cómplices.
- Discernimiento activo: Un laico consciente de su dignidad bautismal es la mejor defensa. Si una dinámica no refleja el Evangelio, tenemos el deber de hablar y proteger a los más vulnerables.
- Memoria y Purificación: Solo reconociendo el daño pasado podemos purificar nuestra memoria y construir una estructura verdaderamente sinodal bajo el magisterio de S.S. León XIV.
Conclusión
La escucha activa debe generar cambios reales en la forma en que se ejerce la autoridad. En "La voz de los laicos", reafirmamos que la acogida a las víctimas no es un favor que la Iglesia concede, sino un acto de justicia necesario para que la Iglesia sea, de verdad, la casa de todos.
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La hora de la valentía: Ni un paso atrás en la escucha
ResponderEliminarNo podemos seguir caminando como si el dolor no existiera. La verdadera sinodalidad que nos propone S.S. León XIV nace de reconocer que "nuestra casa, la Iglesia" ha fallado, pero que tiene la voluntad de sanar.
El abuso sexual, espiritual, de conciencia,abuso de poder, clericalismo, o como le quieras llamar, es una manipulación, es una lacra que exige de nosotros los laicos, una vigilancia absoluta. No es falta de fidelidad señalar lo que está mal; al contrario, es el mayor acto de amor a la Iglesia.
Sé fuerte y valiente, romper el silencio es el primer paso para que el Espíritu Santo renueve cada rincón de nuestra comunidad. La escucha no es un trámite, es el corazón mismo del Evangelio puesto en práctica. ¡Basta de inmovilidad! ¡Se fuerte y valiente, Dios lucha por ti! ♥️🕊️