viernes, 20 de septiembre de 2013

20 DE SEPTIEMBRE RECORDAMOS LA ESTIGMATIZACIÓN DE PADRE PÍO


Era el 20 de septiembre de 1918, un poco antes del medio día, un grito angustioso hizo correr a los frailes al Coro en la Capilla de Santa Maria de la Gracia.


¡Milagro!, Padre Pío estaba extendido sobre el piso, como muerto, herido en las manos, en el corazón y los pies. De las heridas brotaba sangre.

Él mismo escribía: "Era la mañana del 20 del mes pasado, en el coro, después de la celebración de la Santa Misa, cuando fui sorprendido por un descanso, semejante a un dulce sueño... ví frente a mí a un misterioso personaje, me di cuenta de que mis manos, pies y costado estaban perforados y que brotaba sangre. Podéis imaginar el afán que experimenté entonces y que he venido experimentando continuamente casi todos los días. De la herida del corazón brota sangre constantemente, especialmente desde el jueves hasta el sábado...”



miércoles, 4 de septiembre de 2013

El padre Lauriola conoció al Padre Pío: Hago exorcismos desde 1970 y siempre le pido ayuda.





Franciscano, de 86 años, recuerda la respuesta cuando de niño le preguntó por los estigmas: «Estas heridas son por mis pecados y los de los demás».

Este año se celebra el 45º aniversario de la muerte del Padre Pío, acaecida el 23 de septiembre de 1968, y con ese pretexto el diario californiano Catholic San Francisco ha entrevistado a un sacerdote franciscano que conoció bien al santo de Pietrelcina, canonizado por Juan Pablo II en 2002. Y a medida que pasa el tiempo, van siendo menos quienes le trataron personalmente.

El padre Guglielmo Lauriola, párroco emérito de la Inmaculada Concepción en San Francisco (Estados Unidos), creció a treinta kilómetros escasos de San Giovanni Rotondo, donde estaba el convento del Padre Pío. Su padre tenía una tienda y en los años treinta un hermano franciscano empezó a visitarle con objeto de pedirle donativos. A raíz de esa relación, la familia empezó a visitar al fraile, ya con fama de santidad porque sus estigmas eran conocidos en toda la región desde años atrás. Las visitas serían continuas hasta su muerte.

"Empezamos a visitar San Giovanni Rotondo en 1932. Siempre nos alegraba mucho verle. Yo tenía 5 ó 6 años, y entraba en la sacristía en la que él confesaba y le tiraba del cordón que ceñía su hábito para decirle que estaba allí. Él me daba un pescozón en la cabeza y, aunque estaba siempre ocupado, tenía tiempo para mí y me preguntaba si quería mucho a la Santísima Virgen", cuenta el padre Lauriola.

"Para lavar mis pecados y los de los demás"
Dice que de pequeño le asustaban los estigmas: "Me dijo que no se los mirara. Me preocupaba que le causasen dolor. Podías ver el sufrimiento en su rostro, casi siempre era visible. Los viernes parecía sufrir especialmente. ´¿Por qué tiene que sufrir tanto?´, le pregunté una vez. ´Éstas heridas son para lavar mis pecados y los de los demás´, me respondió. Le dije que mi tío era médico que le pediría alguna medicina para él. ´Las medicinas no me harán ningún bien, contestó".

El padre Guglielmo evoca el momento en el que vió el cadáver de su maestro y amigo, en el funeral de 1968: "Me arrodillé ante su cuerpo y recé. Vi sus manos y sus pies. Estaban limpias, como si los estigmas jamás hubiesen estado ahí".

Sus misas eran "muy devotas, particularmente durante la consagración. Decía las palabras de la consagración muy despacio: Hoc... est... enim... corpus... meum. Cuando elevaba la Sagrada Hostia, sus manos temblaban un poco. Pero tampoco le miraba mucho, pues al sonar la campanilla todos bajábamos la cabeza".

Cuando el padre Lauriola decidió ser franciscano, tardó en decírselo al Padre Pío ("no estaba seguro de que lo aprobase"), pero cuando finalmente se lo participó, la reacción fue positiva: "¡Magnífico! Rezaré por ti".

En toda necesidad
Y no dejó de hacerlo, ni tras su ordenación en 1953, ni después, cuando estuvo como misionero en Corea entre 1957 y 1964 ("recuerda, sólo hay un Dios", le dijo el Padre Pío). En una ocasión, yendo en un pequeño bote hacia una isla en aquella zona, una gran tormenta les sorprendió y creyeron que morirían ahogados: "Empecé a pedirle al Padre Pío que nos ayudara, y sobrevivimos. Creo que él supo que yo le necesitaba".

Esa devoción al santo y amigo no ha desaparecido nunca: "Llevo haciendo exorcismos en la archidiócesis desde 1970 y siempre le pido ayuda: ´Padre Pío, ayúdame a hacer más fuerte mi fe en Jesús y ayuda a estas personas que acuden a mí´. Y él me ayuda. Le quiero mucho y estoy agradecido por todo lo que ha hecho por mí. Y a todos digo: si necesitas algo, pídeselo al Padre Pío. Él te ayudará".


jueves, 29 de agosto de 2013

EL INCREÍBLE MILAGRO DEL PADRE PÍO QUE LLEVÓ A LA CONVERSIÓN A TODA UNA PARROQUIA ORTODOXA



Por intercesión del Padre Pío, la madre de un sacerdote ortodoxo de Rumania quedó curada de un cáncer terminal. Tras este milagro toda la parroquia se convirtió al catolicismo. La obra del santo de Pieltrecina les ha cambiado tanto su vida que pese a las dificultades han hecho una iglesia dedicada al santo y un hospital para enfermos terminales.
El Padre Pío sigue intercediendo por todo el mundo y desde el cielo continúa propiciando milagros de todo tipo. Muchos son ya los testimonios que se conocen sobre el santo de Pieltrecina por todo el mundo, algunos de ellos recogidos en libro Padre Pío, de José María Zavala.

Sin embargo, en el caso de la familia Tudor ha propiciado no sólo un milagro físico sino la conversión de cientos de personas al catolicismo y la ilusión de hacer un pequeño San Giovanni Rotondo en el interior de Rumanía, un país con un arraigado pasado comunista y de mayoría ortodoxa.

Víctor, un sacerdote ortodoxo
Víctor Tudor era un sacerdote ortodoxo rumano que no conocía al Padre Pío y que tras la milagrosa curación de su madre de una enfermedad incurable se pasó junto a toda su parroquia a la Iglesia Católica. Pero además, decidió ir más allá y ha conseguido construir a pesar de mil dificultades una iglesia dedicada al santo capuchino así como un hospital para enfermos terminales.

Esta historia se inicia en 2002 cuando diagnosticaron a Lucrecia, madre de Víctor, un cáncer en un pulmón. Los médicos dijeron que no era operable pues había metástasis por lo que la dieron tan sólo unos meses de vida.

El viaje de Lucrecia a Italia
Ante esta situación, el padre Víctor llamó a su hermano Mariano, pintor especializado en iconografía y que vivía en Roma. Con esto esperaba que pudiera conocer a algún médico que pudiera tratar a su madre en Italia. Finalmente, pudo llegar a contactar con uno de los mejores médicos del mundo en su especialidad y éste le dijo que la estudiaría si su madre iba a Roma.

Dicho y hecho. Lucrecia llegó enferma a Italia. Allí le vio el médico que igualmente les dijo que la operación era inútil y que sólo se podía intervenir con unos fármacos para mitigar los terribles dolores.

La madre se quedó un tiempo con su hijo en Roma para que así la pudieran hacer más controles. Mientras tanto, Mariano trabajaba haciendo un mosaico en una iglesia y se llevaba a su madre consigo. Cuando él trabajaba Lucrecia visitaba el templo y veía las imágenes.

El descubrimiento del Padre Pío
Pero hubo una que le llamó poderosamente la atención. Estaba situada en una esquina. Era el Padre Pío. La mujer se quedó impresionada y le preguntó a su hijo quién era. Éste le contó brevemente su historia y durante los días siguientes el hijo se percató de quesu madre estaba permanentemente sentada frente a la imagen del santo de Pieltrecina. Charlaba con la talla como si una persona se tratase.

Así pasaron los días. Dos semanas después, Lucrecia y su hijo Mariano acudieron al hospital para realizarse una prueba. Pero para sorpresa y estupor de médicos y de ellos mismos, el cáncer terminal que sufría esta mujer rumana había desaparecido completamente.

Esta mujer ortodoxa había pedido la intercesión del Padre Pío y éste había respondido.Este hecho sobrecogió a toda la familia empezando por su hijo Víctor, sacerdote ortodoxo. “La curación milagrosa de mi madre, realizada por el Padre Pío en favor de una mujer ortodoxa, me llamó la atención”, reconocía entonces este sacerdote rumano.

La conmoción en la parroquia
Ese personaje hasta entonces desconocido para él le había dejado fascinado. Empezó a leer la vida del Padre Pío y algo en él comenzó a cambiar. Le contó el milagro de su madre a sus parroquianos. Todos se quedaron admirados pues la madre de Víctor era bien conocida por ellos. “Todos conocían a mi madre y sabían que había ido a Italia para intentar una intervención quirúrgica, y que luego había vuelto a casa curada sin que ningún médico la hubiera operado”.

Este milagro transformó no sólo a la familia Tudor sino a toda la comunidad ortodoxa. Cuenta el padre Víctor que poco a poco en su parroquia se empezó a conocer y a amar al Padre Pío. “Leíamos todo lo que encontrábamos sobre él, su santidad nos conquistaba”.

La conversión al catolicismo
Incluso la cosa iba más allá y otros enfermos de la parroquia recibieron igualmente gracias extraordinarias del Padre Pío. Sin embargo, empezaba a surgir un problema en esta comunidad pues seguían siendo ortodoxos y eran devotos de un santo católico contemporáneo.

Por ello, el padre Víctor y su parroquia con casi 350 personas decidieron hacerse católicos. Hoy pertenecen al rito greco-católico de Rumania. Sus vidas se habían transformado pero al igual que el Padre Pío vivió numerosas dificultades ellos también habrían de experimentarlas a la hora de vivir su nueva fe.

En una reciente entrevista en Padre Pío TV, Víctor Tudor cuenta que tuvieron“numerosas dificultades” para ser católicos pues la conversión en este país ortodoxo con pasado comunista era bastante compleja. Problemas con los políticos, la Policía…

Un nuevo templo en Rumania
Pero no se desanimaron y pese a las trabas decidieron ir incluso más allá y construir una iglesia dedicada al Padre Pío. El templo está ya prácticamente construido y ha sido otro milagro del santo capuchino.

Los fieles, en gran medidas muy humildes, colaboraron en la construcción. Mientras tanto, celebraron misa en la calle pese a las gélidas temperaturas invernales. Y a ello había que sumar las enormes trabas burocráticas. El Padre Víctor, desesperado acudía a su obispo ante tantos problemas y éste siempre le respondía: “esto es de Dios y todas estas cosas se resolverán”. Así, de repente un obispo les pagó el terreno de la iglesia. Iban ocurriendo hechos extraordinarios, que poco a poco favorecían la construcción.

Mientras tanto, el padre Víctor acudió a Roma junto a su hermano para pedir también ayuda para esta iglesia. Allí se encontró con otro obispo al que contó sus problemas. “¿Qué patrón tendrá tu iglesia?”, le preguntó el prelado. Tras responder que el Padre Pío, este obispo sonrió y le tranquilizó diciendo que “el Padre Pío te hará la iglesia él solo”.

El hospital dedicado al santo
Ahora el templo es ya una realidad y para el padre Víctor es otro milagro. “He sentido que el Padre Pío me ha ayudado a mí, a mis fieles y en otros países e iglesias. Es un signo de la fe”, afirma.

Aún así, este sacerdote rumano no se ha quedado tranquilo y siguiendo los pasos del santo y pidiendo su intercesión ha creado un “pequeño San Giovanni Rotondo” en Rumania tras instaurar un hospital que atiende a enfermos terminales, gente sin recursos y ancianos abandonados. Las dificultades son enormes y falta el dinero pero Víctor cuenta con la intercesión del Padre Pío. Hasta ahora no ha fallado.

sábado, 25 de mayo de 2013

¡FELIZ CUMPLEAÑOS PADRE PÍO!

¡FELIZ CUMPLEAÑOS PADRE PÍO!





Francisco Forgione (Padre Pío) , hijo de Grazio María y de María Josefa, nació en Pietrelcina, Provincia de Benevento (Italia), 
el 25 de mayo de 1887; fue bautizado al día siguiente en la iglesia arciprestal de Santa Maria de los Ángeles. 


sábado, 18 de mayo de 2013

¡PENTECOSTÉS!


Pentecostés

¡El mundo brilla de alegría!
¡Se renueva la faz de la tierra!
¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!
Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.
Ésta es la fuerza
que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas,
y levanta testigos en el pueblo
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.
Llama profunda
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza
hasta que el Señor vuelva.