jueves, 1 de mayo de 2014

EL PADRE PÍO Y "EL MES DE LA HERMOSA MAMITA"


El Padre Pío tuvo, desde la infancia, una particular devoción a la santísima Virgen, venerada en Pietrelcina bajo el título de «Madonna della Libera».
Recurría a ella para obtener favores espirituales y materiales y para rechazar las insidias del demonio.
Y aunque no consta que el Padre Pío hubiese predicado, se han encontrado, entre sus escritos autógrafos, dos breves discursos preparados por él. Uno de ellos está dedicado a la Asunción de María Santísima, acontecimiento grandioso que nos evoca «el día de mayor triunfo y de gloria» de la Virgen.
En él, entre otras cosas, leemos:
«Después de la ascensión de Jesucristo al cielo, María ardía continuamente en el más vivo deseo de reunirse con él. Y ¡oh! los encendidos suspiros, los piadosos gemidos que le dirigía de continuo para que la atrajera hacia él. En ausencia de su divino Hijo, le parecía encontrarse en el más duro destierro. Aquellos años en los que tuvo que estar separada de él, fueron para ella el más lento y doloroso martirio, martirio de amor que la consumía lentamente.
Y he aquí, al fin, que llega el momento suspirado, y María escucha la voz de su querido que la llama a allá arriba: “Ven, querida de mi corazón, ha terminado el tiempo de gemir en la tierra; ven, esposa, a recibir del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo la corona que te está preparada en el cielo”» (Ep IV, 1087).
Después, el Padre Pío, con acentos que revelan su ferviente devoción mariana, describe el momento en el que «el alma bienaventurada de María, como paloma a la que se corta los lazos, se separó de su cuerpo y voló al seno de su querido. Pero Jesús, que reinaba en el cielo con la humanidad santísima que había tomado de las entrañas de la Virgen, quiso que también su madre, no sólo con el alma sino también con el cuerpo, se reuniese con él y compartiese plenamente su gloria. Aquel cuerpo que, ni por un solo instante, había sido esclavo del demonio y del pecado, no debía serlo tampoco de la corrupción» (Ep IV, 1089).
En relación al venerado Padre, María tenía atenciones maternales que rayaban en la delicadeza suma. Cada día le acompañaba al altar en el que debía celebrar los divinos misterios.
El Padre Pío se sentía «unido al Hijo por medio de la Madre». Habría querido tener una voz tan fuerte como para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a la Virgen.
En presencia de la Virgen María, sentía un fuego misterioso en un lado del corazón, tal que necesitaba aplicar encima un trozo de hielo.
La tierna, intensa y filial piedad mariana del Padre Pío no era fruto de un pasajero sentimentalismo; tenía su origen en el culto que la Iglesia reserva a la Madre de Dios. Veía en la Virgen el camino más seguro para llegar a Cristo, y por este camino guiaba las almas de sus penitentes.
Cuando hablaba de ella, no conseguía contener la emoción. Recitaba de continuo, día y noche, el santo rosario y quería que todos expresasen su devoción mariana con este plegaria evangélica.
Había recalcado, entre otros elementos esenciales del rosario, la contemplación. Decía: «La atención debe ponerse en el Ave, el saludo que se dirige a la Virgen en el misterio que se contempla. Ella estaba presente en todos los misterios; en todos tomó parte con amor y con dolor».
A sus hijos espirituales que le preguntaban qué es lo que tendrían que recibir de él como herencia, les dijo: «Os dejo el rosario. Amad a la Virgen y hacedla amar, rezad siempre su rosario y rezadlo bien. Satanás quiere destruir esta oración pero ¡no lo conseguirá jamás!».
 

PRESENTACIÓN DE PADRE PÍO POR FRAY ELÍAS CABODEVILLA GARDE




Conferencia "El Padre Pío, hombre de Dios al servicio de los hombres". Fue impartida por Fray Elías Cabodevilla, OFMCap, el viernes 25 de noviembre de 2011 en la Parroquia "Nuestra Señora de las Angustias", sita en Av. del Príncipe, 73, Aranjuez, España. Siendo en ese entonces su Cura Párroco el Pbro. Lic. José Antonio Medina Pellegrini.

Mi querido padre Elías. 

martes, 29 de abril de 2014

JUAN PABLO II Y PADRE PIO





En relación a Juan Pablo II, tenemos la carta que el entonces Obispo Titular de Ombi y Vicario Capitular de la Archidiócesis de Cracovia, Carlo Wojtyla, escribió al Padre Pío el 14 de diciembre de 1963. El escrito comienza diciéndole que «se acordará seguramente de que ya algunas veces en el pasado me he permitido encomendar a sus oraciones casos particularmente dramáticos y dignos de atención». Y después de pedirle oraciones por una señora paralítica de la Archidiócesis, añade: «Al mismo tiempo me permito encomendarle las ingentes dificultades personales que mi pobre obra encuentra en la situación presente».

También en el caso del futuro Juan Pablo II, el encomendarse a las oraciones del Padre Pío tenía un fuerte apoyo. En abril de 1948, siendo joven sacerdote, estudiante en Roma, D. Carlo Wojtyla había visitado al Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Al llegar a esta ciudad del centro sur de Italia tuvo la suerte de poder intercambiar unas pocas palabras con él, y al día siguiente participó en la misa que celebró el Capuchino de los estigmas, de la que escribió el 5 de abril del 2002: «se me grabó como inolvidable», y pudo confesarse con él, del que dejó escrito, en la fecha citada, este juicio: «resultó que el Padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».
Pero esto no es todo. En noviembre de 1962, desde Roma, donde participaba en el Concilio Vaticano II, había escrito dos cartas al Padre Pío, una el día 17 y la segunda el día 28. En la primera le decía: «Te ruego que eleves una oración por una madre de cuatro hijas, de cuarenta años, de Cracovia, en Polonia (durante la última guerra en un campo de concentración, en Alemania) que se encuentra en gravísimo peligro en la salud y en peligro de muerte a causa de un cáncer, para que Dios, por intercesión de la Beatísima Virgen, muestre su misericordia a ella y a su familia». Y en la segunda: «La mujer de Cracovia, en Polonia, madre de cuatro hijas, el día 21.XI, antes de la operación quirúrgica, ha recuperado instantáneamente la salud. Sean dadas gracias a Dios, y a ti, Venerable Padre, te doy las más sinceras gracias en nombre de ella y del marido y de toda la familia».

EL PAPA FRANISCO DECLARA SANTOS A JUAN PABLO II Y JUAN XXIII





El 27/04/2014  el Papa Francisco declaró hoy santos a los papas Juan Pablo II y Juan XXIII, los grandes Pontífices del Concilio Vaticano II. A continuación presentamos la fórmula completa con la que el Santo Padre elevó a los altares a ambos:

“Por honor de la Santísima Trinidad, exaltación de la fe católica
y el incremento de la vida cristiana, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y nuestra
luego de una adecuada deliberación  y tras frecuente oración pidiendo la asistencia divina y habiendo recibido el consejo de muchos de nuestros hermanos obispos declaramos y definimos Santos a los Beatos Juan XXIIIy Juan Pablo II y los inscribimos en el libro de los santos y establecemos que en toda la Iglesia ambos sean devotamente honrados.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Una ceremonia histórica y sin precedentes en la que están reunidos cuatro Pontífices, con la participación del Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI.

En una Plaza de San Pedro totalmente abarrotada desde las primeras horas de la mañana, el Santo Padre preside la Misa en la que ya se han rezado las letanías de los santos y en la que el coro y la multitud han entonado los himnos dedicados a ambos.

Luego el Papa Francisco ha escuchado el pedido del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, quien, de acuerdo al rito de la canonización, solicitó tres veces que se declare santos a Juan Pablo II y a Juan XXIII.

Tras escuchar la “tertia petitio”, Francisco pronunció la fórmula de la canonización con la que Juan Pablo II y Juan XXIII han sido declarados santos en este Domingo de la Misericordia, la misma ocasión en la que en el año 2005 falleció el Papa polaco.




jueves, 13 de marzo de 2014

LA PASCUA DE FRAY ELÍAS CABODEVILLA GARDE, EL EXPERTO EN EL PADRE PÍO.




En la noche del miércoles 5 de marzo a las 22:15, miércoles de ceniza, falleció en el Complejo Hospitalario de Navarra, en Pamplona, el fraile capuchino y sacerdote Elías Cabodevilla Garde, el máximo experto en lengua española de San Pío de Pietrelcina. Era también canonista. 

Elías Cabodevilla tenía 73 años de edad, 53 de vida religiosa y 50 de sacerdocio. El funeral tuvo lugar el viernes 7 a las 19,30, en la iglesia de nuestra Fraternidad de Pamplona-San Antonio. El padre Elías Cabodevilla era de origen navarro. Vivió y sirvió también en Roma y en San Giovanni Rotondo.

Fray Elías ha partido a la casa del Padre.Un hombre de Dios, que dedico los últimos años de su vida a promover la vida y Santidad de San Pio de Pietrelcina.


Homilía pronunciada por el misionero capuchino Eulalio Cabodevilla Garde:
Viajaba una tarde en Chile, donde vivo,  de la  ciudad de  Temuco a la ciudad de Concepción. Yo iba detrás del conductor. Y tuve que colocar un paño en la ventanilla porque el sol me molestaba a esa hora. Y sin embargo, en el espacio de 100 kilómetros el conductor iba haciendo funcionar el parabrisas porque había una lluvia persistente y a veces violenta, los famosos chubascos. Y recuerdo que pensé, qué hermosa imagen para la partida  cristiana de un hermano. Se nos caen las lágrimas por el dolor  y sin embargo el horizonte está lleno de sol, lleno de luz, lleno de esperanza.
Y  desde esta  imagen, que en estos días la he recordado y  revivido con la muerte de mi hermano,  me he puesto a imaginar  lo que Elías, instalado en esa claridad que es Dios,  con su voz pausada y con una alegría pascual desbordante nos habla: ¿Qué nos dice?
Muchos de vosotros seguramente estáis tristes por mi partida como si me hubierais perdido para siempre. No os equivoquéis. Estoy vivo. Pero de otra manera. No intentéis entender la Vida Eterna.
La mente humana jamás podrá concebir ni la lengua expresar esta nueva vida que estoy viviendo. Es otra cosa.
Aquí  desconocemos absolutamente lo que vosotros llamáis  tristeza o ansiedad. Aquí vivimos eternamente en un mar de serenidad y de calma. Es lo que el corazón humano soñó desde siempre.
Debéis saber otra cosa: aquí hay un río caudaloso que no sólo recorre de parte a parte el paraíso, sino también las arterias de todos los que aquí habitamos. Y el río se llama Amor y el Amor se llama DIOS. ¿Cómo os diré? He llegado a mi Casa.  Estoy en mi Casa. He llegado a mi Patria. Para siempre. Ya no hay exilio.
 ¿Y Dios? Es imposible hablar de Dios.  Dios me tiene cautivado, infinitamente pleno y dichoso, como no os podéis imaginar. En suma, estoy vivo, en una eterna fiesta. Alegría para todos.
He querido recoger estas expresiones de nuestro querido hermano capuchino oriundo de Azpeitia,  pero perteneciente a Chile (y al mundo) Ignacio Larrañaga en la eucaristía de funeral de su entrañable compañero y  amigo Camilo Luquin, capuchino también, con el que vivió en Santiago de Chile por espacio de 30 años.
Nos hemos dejado envolver en esta oportunidad con un texto de la Palabra de Dios muy breve, pero emblemático de San Pablo a los Cristianos de Roma.  “Si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos para el Señor morimos. Tanto en la vida como en la muerte somos del Señor” (Rom 14,8).  Nos dice, pues, que Elías tanto en su vida como en su muerte es del Señor.  Y, haciéndonos eco del salmo 23  el Señor  es mi PASTOR nada me habrá de faltar: podemos aplicarcárselo a Elías: Él Señor es  el que te dio la vida, el que te llegó a conocer mucho mejor de lo que tú mismo te conocías, el que te llamó a vivir con Él, el que te guió, el que te condujo a fuentes tranquilas, el que te mostró su rostro y su cariño, el que lleva tu nombre escrito en la palma de su mano y  el que dio su vida por ti  por amor. Elías, como ya  lo hemos dicho, (y ahora lo entiendes muy bien),  eres del Señor para siempre. Un día tú escribiste tres  libros sobre las celebraciones y homilías de los grandes tiempos litúrgicos. Y porque quedaste cautivado por el texto del Evangelio que hemos proclamado hoy,  los titulaste: Camino, Verdad y Vida. Y lo hiciste porque sabías que nadie va al Padre sino por Jesús, el Resucitado. Ahora lo has comprobado con alegría.
Podemos preguntarnos: ¿Quién es esta  persona por el que el Señor hizo tales cosas? ¿Quién es realmente Elías, el hermano Elías, el Padre Elías?   Muchos de los aquí presentes lo conocisteis muy bien.  Mucho mejor que yo sin duda.
En primer lugar mi familia. Mi familia de sangre aquí presente.  Sin duda que recordáis cómo Elías venía como marcado por el dedo de Dios. Desde niño le gustaban las procesiones, el ayudar a misa todos los domingos, ir a cuanto evento religioso hubiera  en la Iglesia de Artozqui. Y yo, mocoso en aquel entonces, oía  decir a mi familia: “Este va pa´fraile”. Y así fue. Fue capuchino y un capuchino muy enamorado de su vocación. Y fue el confidente, el consejero de todos los asuntos del caserío de Muniáin. Escuchador silencioso y siempre clarividente de los míos.  El que solucionaba los problemas jurídicos y de los otros. En realidad todos los problemas.
Y los demás: Muchos de vosotros aquí presentes tuvisteis una cercanía con Elías, una experiencia viva, un acompañamiento cercano, un descubrir tal vez a su lado, vuestra vocación a la consagración. Participasteis  en su entusiasmo por los grupos de liturgia; o  en  la Orden Franciscana Seglar; o en las peregrinaciones por él organizadas a Asís o Tierra Santa, o quedasteis embelesados por la pasión por dar a conocer la vida y espiritualidad  de su querido Padre Pío como se decía en el relato de su biografía.  Y podemos caer en la tentación de ensalzarlo como que él ha sido  el que ha orientado o cambiado mi vida definitivamente,  y convertirlo en protagonista de mi historia. Y desde ese halo de luz imaginario del que hablábamos al comienzo Elías nos vuelve a recordar: NO OS EQUIVOQUEIS, -nos dice-  “NADIE PUEDE DECIR: JESUS ES EL SEÑOR SI NO ES MOVIDO POR EL ESPÍRITU” (1Cor 12, 3).    Si ha habido algo bueno  en mi vida viene del Señor, a Él le pertenece. A cuántas personas he acompañado, pastoreado, animado, entusiasmado tal vez, todo, absolutamente todo, es obra del Espíritu. Y no os olvidéis (nos recuerda) de la advertencia de Jesús: “Para que viendo los hombres vuestras buenas obras glorifiquen al Padre que está en los cielos”.
Indudablemente que el Padre Dios derramó muchos dones y talentos en Elías, como ya se dijo.  
EL SELLO DE DIOS. LA PASIÓN  por Dios  que le  ha acompañado toda su vida. Una INTELIGENCIA privilegiada. El tener las inquietudes de un buscador vanguardista: Desde joven con la pasión por la fotografía, luego serían los telones para proyectar los cantos en las Iglesias  y no digamos nada en todas las iniciativas en la etapa de difusión de la espiritualidad del Padre Pío. En todo esto, conocéis que ponía una pasión, una tenacidad y un detallismo que hacía que las cosas salieran sí o sí.
Tengo la impresión de que todo lo anterior hacía que mucha gente se acercara a él buscando apoyo y acompañamiento. Una mención especial  merece la última etapa de su vida con la devoción al Padre Pío. Parecía increíble que pudiera ser verdad cuando contaba las actividades que realizaba en un solo día en sus viajes por naciones de América Latina. Me confió una vez que había estado siete horas y media seguidas hablando de él.               Estos son algunos dones que el Señor le regaló. Pero no olvidemos la advertencia  de  Elías: Nadie puede decir Jesús es el Señor si no es movido por su Espíritu. Yo no he sido sino un humilde instrumento; Como quería Francisco de Asís:  un humilde hermano  menor de los soplos del Espíritu.
El Señor tuvo una gran delicadeza con él: hizo sonar la campanilla para anunciar su llegada. Le regaló un mes y seis días para prepararse.  Y en silencio Elías fue viviendo Getsemaní y seguramente, como Jesús, gritó más de una vez, “que pase de mí este cáliz, pero que no se haga lo que yo quiero sino lo que quisiera Tú”. Tenía tal ansia de vivir que le costó dejar esta tierra nuestra. Le costó mucho. Pero nos imaginamos, que en esos largos ratos de silencio en el hospital, terminó haciendo suya  la estrofa de una glosa del Cántico a la Creaturas del santo de Asís:  “Cuando a mi puerta la muerte se detenga  y me diga que es hora de partir;  hermana muerte le diré: llévame a Dios para vivir junto con Él la eternidad. Y en ese corto camino lo fuimos acompañando todos, física o espiritualmente, desde el silencio, el respeto y el cariño.
Y, para concluir,  desde ese resplandor de sol y de luz en Cristo Resucitado, con el que comenzamos estas palabras, nos lo imaginamos nuevamente a Elías diciéndonos  entusiasmado: ¡¡ERA VERDAD TODO LO QUE VIVÍ EN LA FE. ERA VERDAD. AHORA LO PUEDO VER CON MIS OJOS  Y  TOCAR CON MIS MANOS!!  NO SE IMAGINAN LO QUE DIOS  TIENE PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN!!
 Y con la misma pasión que lo dominó siempre y, desde esa misma luminosidad,   seguramente nos querrá  ARENGAR  a los que seguimos en el camino de la fe.   Y lo hará  recogiendo los versos de uno de nuestros poetas latinoamericanos:
 “No te rindas, por favor, no cedas,  aún estas a tiempo  de alcanzar y comenzar de nuevo,  aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,  liberar el lastre y  retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,  continuar el viaje,  perseguir tus sueños,  destrabar el tiempo,  correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor, no cedas,  aunque el frio queme,  aunque el miedo muerda,  aunque el sol se ponga y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma,  aun hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo,  porque esta es la hora y el mejor momento,  porque no estás solo    y porque yo te quiero”.
A Jesucristo, el Resucitado, al que nadie puede decir  que es el Señor si no es movido por su Espíritu, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. AMÉN.

TEXTOS PARA LA EUCARISTÍA.
ROMANOS, 14, 7-9 y 10-12
SALMO 23: EL SEÑOR ES MI PASTOR NADA ME HABRÁ DE FALTAR
EVANGELIO: JUAN 14, 1-6.
Fray Eulalio Cabodevilla Garde

El mismo día de su funeral el viernes 7 de marzo, en Bilbao, en la Basílica de Begoña se celebró una misa concelebrada por el alma del padre Elías Cabodevilla a las 6 de la tarde. Allí nos reunimos los cuatro Grupos de Oración del Padre pío del entorno: el grupo de Begoña, Barakaldo, Indautxu y Bermeo, en agradecimiento a tanto bien que el padre Elías nos ha hecho y seguirá haciendo. 
Ya no podremos decir; que no conocimos un santo en vida.

Algunas palabras de agradecimiento en la Eucaristía:

Fray Elías Cabodevilla, sacerdote capuchino, fiel seguidor de san Francisco de Asís; al igual que él, bendijo a todos y cada uno de los integrantes de los Grupos de Oración de Padre Pío y al igual que San Francisco, a imitación del Maestro antes de su Hora, quiso compartir el pan con sus hermanos y así nosotros estamos aquí a su mesa, para compartir el pan y así aprender a ser pan para los hermanos. Padre Elías gracias por todo el bien que nos has hecho. 



UN TEMPORAL TRAS OTRO, 
HAN  AGRIETADO, 
RESQUEBRAJADO Y ROTO
EL MALECÓN QUE PROTEGE EL PUERTO
DONDE EL PADRE PÍO, NUESTRO "BUEN MARINERO",
DESEMBARCÓ CON UN GRUPO DE ORACIÓN PRIMERO
PARA LUEGO ADENTRARSE TIERRA ADENTRO
LLEGANDO HASTA LA PATRONA DEL PUEBLO
LA VIRGEN DE BEGOÑA A LA QUE TANTO QUEREMOS.

LAS TEMPESTADES DE LA VIDA
HAN DESESTRUCTURADO Y HECHO TRIZAS,
EL PASADO MIÉRCOLES DE CENIZA,
LOS MUROS DE LA HUMANIDAD
DEL QUE FUERA SU GRAN PROPAGANDISTA,
EL TAMBIEN PADRE CAPUCHINO FRAY ELÍAS CABODEVILLA.

SUCESO RÁPIDO, INESPERADO, TRÁGICO
PARA TODOS LOS QUE LE APRECIÁBAMOS,
PERO TAMBIÉN LLENO DE TERNURA Y AMOR,
PUES ES LA MADRE A LA QUE TANTO AMÓ
QUIEN AHORA LO TIENE EN SUS MANOS
JUNTO A SU CORAZÓN.

VENIMOS A DESPEDIRLE, A DECIRLE ADIÓS,
QUE LE QUEREMOS QUE NO NOS DEJE SOLOS,
QUEREMOS DECIRLE LO IMPORTANTE QUE ES PARA NOSOTROS.

Y EL SONRÍE Y REPITE:
"PAZ Y BIEN, PAZ Y BIEN"

(Miguel Ángel Cuesta Cerrato))


"FRAY ELÍAS CABODEVILLA PASÓ POR EL MUNDO HACIENDO EL BIEN"


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