sábado, 7 de octubre de 2023

ENCUENTRO DE ORACIÓN DEL GRUPO PADRE PÍO PRIMER SÁBADO DE MES CONVENTO SAN FRANCISCO DE BERMEO

 


Como primer sábado de mes nos hemos reunido en el Convento San Francisco de Bermeo.  Utilizamos unos guiones confeccionados por el capuchino fray Elías Cabodevilla Garde; director de los grupos y entusiasta conferenciante en lengua española, máximo conocedor difusor de la figura del Padre Pío hasta su fallecimiento en el 5-3-2014. 

Clasificados por tiempos litúrgicos y temas son una inestimable ayuda para los grupos. Hoy en concreto utilizamos el 1-36 " Instrumento de paz: donde haya tristeza, ponga alegría". 

Que el Señor nos conceda la multiplicación de los grupos de oración  que tanta falta hacen hoy día.

Adjunto una imagen de fray Elías Cabodevilla  Garde con un mitón del Padre Pío. 

4 DE OCTUBRE FESTIVIDAD DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 


El día de San Francisco, se celebró una misa llena de unción, a las 12:00. Este día tan significativo para Padre Pío y toda la Orden Franciscana; también lo es para los grupos de oración de Padre Pío. 

Si se preguntan por qué, significa que desconocen que los grupos cultivan la espiritualidad franciscana. Tal y como Padre Pío quería. 

 Siendo franciscano, el Santo Padre Pío solía referirse a San Francisco como ejemplo de vida cristiana.

En una de sus cartas escribe: "Que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de San Francisco; que pueda servir de ejemplo a mis hermanos de religión, de modo que el fervor se mantenga en mí y crezca cada día hasta hacer de mí un perfecto capuchino".

En otra misiva, de 1921, aconseja a una feligresa que trabaje "con interés por la salvación de nuestros hermanos y da a conocer a todos el espíritu de San Francisco, que coincide plenamente con el espíritu de Jesucristo".

"La sociedad necesita renovarse y yo no conozco medio más eficaz que el que todos sean terciarios de San Francisco y vivan su espíritu", agrega.

lunes, 2 de octubre de 2023

GRUPO PADRE PIO DE BERMEO



Tras muchas vicisitudes; el grupo de oración de Bermeo comienza una nueva andadura. Con mucha ilusión y fuerza aunque; si se puede decir, un poco más de experiencia.

Quisiera expresar mi sincero agradecimiento, de todo corazón, a todos los que nos han animado, acompañado  y sostenido en este difícil recorrido. Siempre estarán en mi corazón. 

Aceptar la voluntad de Dios es fuente de paz. Y como decía el director de los grupos del Padre Pío en España, fray Elías Cabodevilla Garde: "si todo va bien: dar gracias al Señor y si no es asi: dar gracias al Señor y paz en el corazón". 

Cuanto echo de menos a este santo hombre de Dios , no quiero emocionarme más de lo que ya estoy, aunque mi espíritu se alegra por su espiritual custodia junto al Padre Pío que tanto amó. 

Unidos en oración hermanos! 

Que el humilde Padre Pío y la Virgen Santísima siempre os sonrían!

jueves, 16 de junio de 2016

14 AÑOS DE LA CANONIZACIÓN DE PADRE PIO



CANONIZACIÓN DEL BEATO PÍO DE PIETRELCINA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Plaza de San Pedro, domingo 16 de junio de 2002


1. "Mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11, 30).

Las palabras de Jesús a los discípulos que acabamos de escuchar nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta solemne celebración. En efecto, en cierto sentido, podemos considerarlas como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.

La imagen evangélica del "yugo" evoca las numerosas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán suave es el "yugo" de Cristo y cuán ligera es realmente su carga cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se abre a perspectivas de un bien mayor, que sólo el Señor conoce.

2. "En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Ga 6, 14).

¿No es precisamente el "gloriarse de la cruz" lo que más resplandece en el padre Pío? ¡Cuán actual es la espiritualidad de la cruz que vivió el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza.

En toda su existencia buscó una identificación cada vez mayor con Cristo crucificado, pues tenía una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de modo peculiar en la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la cruz no se comprende su santidad.

En el plan de Dios, la cruz constituye el verdadero instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino propuesto explícitamente por el Señor a cuantos quieren seguirlo (cf. Mc 16, 24). Lo comprendió muy bien el santo fraile del Gargano, el cual, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribió:  "Para alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al divino Guía, que quiere conducir al alma elegida sólo a través del camino recorrido por él, es decir, por el de la abnegación y el de la cruz" (Epistolario II, p. 155).

3. "Yo soy el Señor, que hago misericordia" (Jr 9, 23).

El padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia. También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. El ministerio del confesonario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de San Giovanni Rotondo. Aunque aquel singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, estos, tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante también hoy, como reafirmé en la Carta a los sacerdotes con ocasión del pasado Jueves santo.

4. "Tú, Señor, eres mi único bien".

Así hemos cantado en el Salmo responsorial. Con estas palabras el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todas las cosas, a considerarlo nuestro único y sumo bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario. Solía repetir:  "Soy un pobre fraile que ora", convencido de que "la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios". Esta característica fundamental de su espiritualidad continúa en los "Grupos de oración" fundados por él, que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la "Casa de alivio del sufrimiento". Oración y caridad:  he aquí una síntesis muy concreta  de la enseñanza del padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos.

5. "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque (...) has revelado estas cosas a los pequeños" (Mt 11, 25).

¡Cuán apropiadas resultan estas palabras de Jesús, cuando te las aplicamos a ti, humilde y amado padre Pío!

Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

A PIETRELCINA 100 AÑOS DESPUÉS




11 Febrero 2016 
Procedente de la Basílica de San Pedro y por voluntad del Papa Francisco en el marco del Año de la Misericordia, los restos del Santo Padre Pío volvieron hoy a la localidad de Pietrelcina y así se cumplió la profecía que el mismo fraile capuchino hizo sobre su regreso a la ciudad.
Durante toda la mañana llovió en Pietrelcina hasta que llegó el Padre Pío. Salió el sol y sirvió de marco “para este retorno histórico que ocurre 100 años después” de su llegada a esta localidad ocurrida en 1916.
Orazio Pennelli, sobrino bisnieto del Padre Pío comenta que “la relación (del Santo) con Pietrelcina es profunda, sentida. Si bien no estuvo aquí físicamente este tiempo, siempre estuvo presente, sobre todo aquí en Chiana Rumana, en este lugar al que estaba muy ligado”.
Los restos del Padre Pío estuvieron en Pietrelcina hasta el domingo 14 de febrero en la iglesia de la Sagrada Familia, que permaneció abierta todo el día y durante toda la noche para poder recibir a la gran cantidad de fieles llegados desde muchos lugares para ver al Santo que recibió los estigmas de Cristo.
LA PROFECÍA
En agosto de 1968, poco antes de su muerte, el Padre Pío conversaba con el Padre Mariano da Santa Croce, quien le dijo que volvería a su ciudad natal “algunos años después de su muerte (…) El Señor sabe… y lo llamará también a usted al Paraíso. Luego de su muerte, habrá signos, prodigios, milagros y la Iglesia lo elevará a los altares. Entonces traerán su cuerpo aquí y se hará una bella procesión hacia Pietrelcina ¿Lo he dicho bien?”
El Santo, señala el diario Avvenire de los obispos italianos, juntó sus manos y tras mover la cabeza dos veces le dijo al otro sacerdote: “Y así será”.
El 17 de febrero de 1916 y luego de un periodo de convalecencia que transcurrió en varios conventos de la zona y en Pietrelcina, el Padre Pío dejó su ciudad natal para ingresar a la comunidad religiosa de Santa Ana en Foggia.
Luego de una temporada en Foggia partió a San Giovanni Rotondo en donde sirvió hasta su muerte el 23 de septiembre de 1968.
San Pío de Pietrelcina vivió entre 1887 y 1968. Recibió los estigmas y tuvo visiones místicas de Cristo. El Santo tenía "la frente alta y serena, la mirada vivaz, dulce; y la expresión con visos de bondad y sinceridad".
Era muy gentil con sus hermanos; muy amado por sus superiores; transcurría de 10 a 12 horas al día confesando y celebraba la Misa con gran devoción.
Fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por el Papa San Juan Pablo II.

viernes, 12 de febrero de 2016

Discurso del Papa Francisco a los grupos de oración del Padre Pío el 6 -2- 2016


El Papa Francisco se reunió esta mañana en la Plaza San Pedro con miles de personas de los grupos de oración del Padre Pío. Esto se da al día siguiente de que los restos del Santo de Pietrelcina llegarán a la Basilica Vaticana.
A continuación el texto completo de su discurso, gracias a Radio Vaticana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Les doy mi bienvenida – ¡veo que son muchos! – y agradezco a Monseñor Castoro por las palabras que me ha dirigido. Doy un saludo a todos ustedes que han venido de diferentes países y regiones, unidos por el afecto y el agradecimiento a San Pío de Pietrelcina. Están muy agradecidos, ya que les ayudó a descubrir el tesoro de la vida, que es el amor de Dios, y a experimentar la belleza del perdón y  la misericordia del Señor. Y esta es una ciencia que debemos aprender todos los días, porque es la belleza: la belleza del perdón y de la misericordia del Señor.
Realmente podemos decir que el Padre Pío era un servidor de la misericordia. Lo fue a tiempo completo, la práctica, a veces hasta el agotamiento, "el ministerio de la escucha".  Se convirtió a través de la del ministerio de la confesión, una acaricia viviente de Padre,  que cura las heridas del pecado y conforta el corazón con la paz. San Pio no se cansó jamás de recibir  a las personas y de escucharlas, de gastar tiempo y fuerzas para difundir el perfume de perdón del Señor. Podía hacerlo porque siempre estaba unido a la fuente: se saciaba  continuamente de Jesús Crucificado, y así se convirtió en un canal de misericordia.
Ha llevado en su corazón a tantas personas y tantos sufrimientos, uniendo todo al amor a Cristo que se donó «hasta el fin» (Jn 13,1). Ha vivido el gran misterio del dolor ofrecido por amor. De este modo, su pequeña gota ha llegado a ser un gran río de misericordia, que ha regado tantos corazones desiertos y ha creado oasis de vida en muchas partes del mundo.
Pienso en los grupos de oración, que San Pío ha definido «viveros de fe, hogares de amor»; no solo centros de encuentro para estar bien con los amigos y consolarse un poco, sino hogares de amor divino. ¡Y estos son los grupos de oración! La oración, en efecto, es una verdadera y propia misión, que lleva el fuego del amor a toda la humanidad. El Padre Pío dijo que la oración es una «fuerza que mueve el mundo»: la oración es una fuerza que mueve el mundo. Pero, ¿nosotros creemos en esto? ¡Es así! ¡Hagan la prueba! Esa – agregó – «extiende la sonrisa y la bendición de Dios sobre toda languidez y debilidad» (II Encuentro Internacional de los grupos de oración, 5 de mayo de 1966).
La oración, entonces, no es una buena práctica para conseguir un poco de paz en el corazón; tampoco un medio devoto para obtener de Dios lo que nos sirve. Si fuera así, estaría movida por un sutil egoísmo. Pero, yo rezo para estar bien, como si tomara una aspirina: no, no es así. Yo rezo para obtener esto: pero esto es hacer un negocio. No es así. La oración es otra cosa. Es otra cosa. La oración es, en realidad, una obra de misericordia espiritual, que quiere llevarlo todo al corazón de Dios. Toma tú, que eres padre: y seria así, para hacerlo simple. La oración es decir: “pero, toma tú, que eres padre, tu eres padre. Míranos, tú, que eres padre”. Es esta la relación con el padre. La oración es así. Es un don de fe y de amor, una intercesión tan necesaria como el pan. En una palabra, significar confiar; es decir, confiar a la Iglesia, confiar a las personas, confiar las situaciones al Padre: “yo te encomiendo esto”, para que las cuide. Por ello, la oración, como amaba decir el Padre Pío, es «la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios». Una llave que abre el corazón de Dios: es una llave fácil. El corazón de Dios no está blindado con tantas medidas de seguridad. Tú puedes abrirlo con una llave común, con la oración. Porque tiene un corazón de amor, un corazón de padre. Es la fuerza más grande de la Iglesia, que nunca debemos dejar, porque la Iglesia da frutos si hace como la Virgen y los Apóstoles, que «perseveraban unidos en la oración» (Hch 1,14), cuando esperaban el Espíritu Santo. Perseverantes y  firmes en la oración. De lo contrario, se corre el riesgo de apoyarse donde sea: en los medios, el dinero, el poder; y luego la evangelización desvanece y la alegría se apaga y el corazón se hace aburrido. ¿Ustedes quieren tener un corazón aburrido? ¿No? ¿Quieren tener un corazón gozoso? ¡Sí! Recen: esta es la receta.
Mientras les agradezco su empeño, los animo a fin de que los grupos de oración sean “centrales de misericordia”: centrales siempre abiertas y activas, que con el poder humilde de la oración provean al mundo la luz de Dios y la energía del amor a la Iglesia. El Padre Pío, que se definía sólo «un pobre fraile que reza», escribió que la oración es «el más alto apostolado que un alma pueda ejercer en la Iglesia de Dios» (Epistolario II, 70). ¡Sean siempre apóstoles gozosos de la oración! La oración hace milagros. El Apostolado de la oración hace milagros.
Junto a la obra de misericordia espiritual de los grupos de oración, San Pío ha querido una extraordinaria obra de misericordia corporal: la “Casa Alivio del Sufrimiento”, inaugurada hace  sesenta años. Él deseo que no fuera sólo un hospital excelente, sino un «templo de ciencia y de oración». En efecto, «los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial» (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 31). Es tan importante esto: curar la enfermedad pero, sobre todo, cuidar al enfermo. Son dos cosas diferentes, y las dos importantes, ¿eh? Curar la enfermedad, pero también cuidar al enfermo. Puede suceder que, mientras se medican las heridas del cuerpo, se agraven las heridas del alma, que son más lentas y, con frecuencia, más difíciles de sanar. También los moribundos, a veces aparentemente inconscientes, participan en la oración hecha con fe cerca de ellos, y se encomiendan a Dios, a su misericordia. Yo recuerdo la muerte de un amigo sacerdote. Era un apóstol, un hombre de Dios. Pero, estaba en coma desde hace tiempo, desde hace tiempo. No era razonable, ese coma. Los médicos decían: “no se sabe cómo hace para respirar”. Y entró otro amigo sacerdote. Se acercó a él y le dijo, el escuchaba: “déjate llevar por el Señor. Déjate llevar. Ten confianza, confía en el Señor”. Y con estas palabras, él se fue en paz. Tanta gente tiene necesidad, tantos enfermos que se pelean por palabras de dulzura, que dan fuerza para llevar adelante la enfermedad o ir al encuentro con el Señor: tienen necesidad de ser ayudados en confiar en el Señor. Les estoy muy agradecido, a ustedes y a cuantos sirven a los enfermos con competencia, amor y fe viva. Pidamos la gracia de reconocer la presencia de Cristo en las personas enfermas y en quienes sufren; como repetía Padre Pío: «el enfermo  es Jesús». El enfermo es Jesús. Es la carne de Cristo.
También deseo dirigir un saludo especial a los fieles de la Arquidiócesis de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo. San Juan Pablo II dijo que «quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse con Padre Pío, descubría en él una imagen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del padre Pío resplandecía la luz de la resurrección » (Homilía de la beatificación de P. Pío de Pietrelcina, 2 de mayo 1999: Insegnamenti XXII, 1 [1999], 862). ¡Que quien vaya a su hermosa tierra – yo quiero ir, ¿eh?!  ¡Que quien vaya a su hermosa tierra encuentre también en ustedes la luz del Cielo! Les agradezco y les pido por favor que no se olviden de rezar por mí. Gracias.
Todos juntos rezamos, pero toquemos a la puerta del corazón de Dios que es Padre de misericordia: Padre nuestro…
También no somos una Iglesia huérfana: tenemos una madre. Oremos a nuestra madre: recemos a nuestra madre. Ave María…